Tune – København (55 Km)

7 diciembre 2009

¡Ultima etapa!

No nos despertamos ni muy tarde ni muy temprano. Tenemos el suelo de la segunda planta tapizado  con esterillas, sacos de dormir, cuerpos, material informático y ropa. Jacobs, nuestro anfitrión, llega a tiempo para despedirse de nosotros. A las 10:00 hemos quedado en la estación de tren de Røskilde con nuestro amigo Kim, el autraliano que empezó su viaje en junio de 2008, jugando el importante papel de nexo de unión de todos los ciclistas que partimos de otras partes del mundo.

Como no podia ser de otra manera, llegamos un poco tarde, pues aparte de la imputualidad intrínseca, nuetra casa se encontraba a 9 Km. del centro de reunión.

Cuando llegamos al lugar nos sorprendemos de la cantidad de gente que hay. Allí se encuentran no solo los compañeros de Australia, Alemania, Gran Bretaña, con los que ya habiamos pedaleado juntos, sino también de otros paises como Francia, Holanda, China, etc.. además de gran cantidad de daneses que han querido mostrar su apoyo al proyecto acompañado a esta marcha en sus últimos kilómetros. El número rondaría los 50 ciclistas, cifra que se triplicaría rápidamente, engordada por los puntos de encuetro de la etapa de hoy.

La salida es motivadora: Kim y compañía doblan un recodo y pasan por delante del grueso del grupo instándonos a voces a unirnos a ellos, cosa que hacemos sin dudar, y nos ponemos en marcha un gran grupo de ciclistas rumbo a nuestra entrada triunfal en København. El ambiente es festivo y distendido, charlando con personas de las más dispares nacionalidades.

En cuanto a climatología el día no destaca por bueno, pero tampoco por malo, y no se oyen quejas de ningún participante, con lo que se lleva mejor eso de pasar frío. En lo que ha sido una mala etapa es en cuestión de incidentes: uno de los días con más pinchazos y más injustificados, ya que hemos ido siempre por asfalto y no hay plantas pinchundas en todo el trayecto. El primero ha sido de Kim y hemos aprovechado el tiempo de la reparación para echar un partido de fútbol en el césped. La delegación española tampoco  se libró de los percances; un pinchazo (Alberto) y dos caídas (Héctor y Alberto), siendo para más inri en el mismo sitio y de la misma manera: tropezando con unos antiguos raíles de tranvía o tren. Por suerte no hay que lamentar víctimas mortales, amputaciones, roturas de huesos ni ninguna otra consecuencia que impida seguir adelante.

Hacemos tres o cuatro paradillas en las estaciones de tren de los pueblos por los que pasamos para recoger a más gente, tomar una chocolatina y continuar. A 6 km de Copenhague nos hemos reunido con bastante más gente y hemos hecho una parada para que Kim explique el plan, que consiste en hacer ruido y algo de paripé estos últimos kilómetros, consistente en sacar pancartas,  algún instumento de percursión y megáfonos. Es en este momento cuando la gente se empieza a desmadrar y a cantar eslóganes contra el cambio climático y demás.

Copenhague  es una gran ciudad con un inmeeeeeeeeenso número de ciclistas, y como nosotros somos muchos y ocupamos todo el espacio, vamos creando un atasco de ciclistas detrás nuestro (ellos no se lo toman a mal, los daneses son gente simpática y sobre todo amables), con lo que vamos dando la sensación de ser aún más participantes. Hemos llegado a una especie de centro social y de ocio en donde nos han recibido varias personas de distintas organizaciones y de la prensa, y luego hemos entrado dentro, donde tenían preparada una mesa con gran cantidad de panes, embutido, queso, verduras y  bebidas. Así que ahí nos hemos quedado un buen rato, descansando, comiendo, bebiendo y charlando. Poco a poco se ha ido marchando la gente hasta que sólo hemos quedado los españoles, Kim y gente de su entorno (estaban sus padres, entre otros). Hemos quedado para cenar mañana y nos hemos marchado, que todavía nos quedaba encontrar la casa.

Nada más salir nos topamos con un grupo de barceloneses que nos regalan un mapa y nos ubican; estamos muy cerca de la casa, así que en un cuarto de hora nos encontramos  llamando a la puerta. Ahora estamos ya en casa con Ana, que es española, y su pareja, y en breve nos iremos a una pizzería a cenar (por segunda vez), y a decansar, esta vez sin tener que pensar en la etapa de mañana, pues por fin hemos llegado a !!COPENHAGUE¡¡.

Os damos las gracias desde aquí a todos los que nos habéis seguido hasta ahora, a los que nos habéis acogido, a los que nos han apoyado de las formas más diversas y en definitiva a todos los que nos habéis ayudado a hacer posible este proyecto.

¡Nos vemos muy pronto!


Næstved – Tune (73 Km)

5 diciembre 2009

A las 10:30 nos hemos reunido todos en una de las casas y nos hemos hecho una foto con nuestros hospedadores, Thomas e Inna (danés él, rusa ella).

Hemos tenido buen tiempo desde primera hora, mejorando según avanzava el día; cuando salimos estaba medio nublado y al mediodía el sol brillaba a intervalos, cuando las nubes lo permitían. Tenemos en mente hacer 60 kilómetros hasta Roskilde o un pueblo cercano, así que vamos relajadetes y sin prisas, haciendo paradas sin ton ni son para hacer fotos de chorradas, como letreros en danés que suenan gracioso en español. Hay que decir que, desde el norte de Alemania, el terreno ya no es tan llano y podemos disfrutar de pequeñas subidas y bajadas; el de hoy ha sido un contínuo subibaja aunque  no muy duro.

Hacemos una parada en un pueblecito y picamos algo, y luego hacemos otro ya en nuestro destino, Roskilde, así que en esta etapa no hemos comido prácticamente nada. Tomamos algo en un bar y hacemos tiempo, ya que hemos quedado con Kim, el australiano. Lamentablemente éste no viene y se hace tarde, así que decidimos irnos a nuestra casa por esta noche. Este último tramo nos toca hacerlo de noche.

Hemos llegado a la casa y hemos conocido a Jacob y su hermano, nuestros anfitriones. Hemos cenado en una pizzería-kebab y hemos vuelto, a tiempo para charlar con ellos antes de irnos a la cama y prepararnos para…¡La última etapa del viaje!


Rødby – Næstved (89 Km)

4 diciembre 2009

Manuel ha sido el primero en despertarse hoy y lo ha hecho a las 7:30. Los demás se han  ido despertando paulativamente un poco más tarde cada uno. La idea inicial era partir de inmediato (sin desayunar “ni ná”, que se suele decir), pero la casualidad ha vuelto a jugar una baza a nuestro favor; poco antes de salir llaman al teléfono a Pernille. Es el periódico local. Una de las personas a las que preguntamos ayer por la noche para llegar a esta casa le ha avisado de que hay un porrón de españoles en bicicleta en una casa del pueblo y para allí que han ido. Como tardará unos minutos en venir, nos da tiempo a desayunar copiosamente hasta que llega. Después nos entrevista,  nos hacemos unas fotos, nos despedimos y nos vamos.

Tenemos que llegar hoy a Næstved, un pueblo a mitad de camino entre Rødby y København (oséase, Copenhague). Son unos 90 kilómetros y ya son más de las 10:00: volveremos a pedalear de noche.

Después de rodar durante tanto tiempo 3 ó 4 personas se hace raro rodar 6 todos juntos, nos da la sensación de ser muchos más. Sigue haciendo frío, y  cada cual se enfrenta a él como buenamente puede: doble culotte, dos pantalones, varias capas, varios impermeables, botas, goretex, sympatex, una simple bolsa de plástico para proteger las pertenencias más queridas o sensibles…En la guerra y en el cicloturismo todo vale. De todas formas lo soportamos bastante bien, y rodando a velocidad generosa el frío se deja de sentir. Los paisajes no son lo más bonitos que hemos visto, pero los alegran algunos puentes sobre el mar que tenemos el placer de cruzar. Y de paso nos hacemos algunas fotos en los que más nos gustan.

A mitad de recorrido hacemos la parada para comer, y surge el problema monetario; en Dinamarca se usa la corona danesa en lugar del euro. En  algunos establecimientos puedes pagar en euros, pero te cobran bastante más, tiene que ser en billetes y el cambio te lo dan en coronas danesas. Así que preferimos entrar en un banco y cambiar euros por coronas que, aunque te cobran por ello, es una tasa fija y entre todos tocamos a menos. Hecho esto buscamos un lugar para comer calentitos y elegimos una pizzería-kebab. Comemos y nos vamos (cómo no) a una pastelería a tomar café y dulces. Juan aprovecha para intentar ligar con la dependienta con chistes malos mientras los demás planeamos como nos vamos a repartir hoy, ya que tenemos dos casas para alojarnos. Cuando salimos ya es de noche y hace mucho frío, así que nos ponemos las luces y los reflectantes y continuamos la etapa. A pesar de no haber ninguna luz auxiliar a parte de los frontales (que no iluminan mucho), se rueda bastante bien por el carril bici y vamos bastante rápido.

Llegamos a Næstved dos horas después; no nos ha llovido y, a pesar de marcar pocos grados sobre cero el termómetro, la sensación térmica es más cálida que durante el día. Alberto lleva un GPS, así que se acabaron las yimkanas de buscar mapas y preguntar a la gente: vamos directamente a la casa a la voz de “a 200 metros, gire a la derecha”. Llegamos a la primera casa y nos presentamos; los hospedadores se acongojonan un poco al ver a 7 personas, ya que ellos habían pactado para 3, pero explicamos que 4 de nosotros se irán a otra casa y el  ambiente se distiende. Después nos separamos y cada uno se va para su casa que, casualidades de la vida, están a 40 metros la una de la otra.


Gosdorf – Rødby (59 Km)

3 diciembre 2009

Ayer estuvimos dando una vuelta por los alrededores de Gosdorf. Hizo frío, bastante más que ayer. Tuvimos temperaturas de 2 grados durante casi todo el día, y por la tarde, cuando llegamos a casa, iba empeorando. Vimos de nuevo el Báltico y compramos algo para hacer la cena.

Al llegar a casa descubrimos que John ya ha preparado la cena, pero son las 5:00 de la tarde. Así que comemos y después hacemos la segunda cena; se suponía que iba a ser una lasaña, pero se nos pega la pasta y acabamos troceándola. Al final el resultado no es malo y John asegura que está muy rica (es más probable que se la comeria por compromiso).

Esta mañana partimos a las 10:00 para hacer nuestra última etapa en territorio alemán. Nos despedimos de John, que tan bien nos ha tratado y nos hacemos una foto con él. La mañana es muy fría y un poco ventosa, pero mientras no llueva podemos tirar sin problemas. De hecho, vamos rapidito y en 10 minutos no sentimos frío en ninguna parte. Eso sí, cuando paramos nos quedamos fríos y cuesta volver a pedalear al mismo ritmo qe antes. La carretera es fácil de seguir; tiene carril bici y no hay apenas desvíos. En un momento dado, estamos descansando en una marquesina de autobús cuando aparece John en coche. Viene de ver a un amigo suyo, el cual viene con él. Nos saludamos, intercambiamos unas frases y continuamos la marcha.

Héctor y dos amigos suyos que han venido en avión deberían alcanzarnos en el día de hoy, en cualquier parte del recorrido. A Juan tamién deberíamos verlo en algún momento. Nosotros paramos en un pueblo a medio camino de Puttgarden a descansar y esperar a Héctor y compañía en una pastelería, calentitos, pero no aparecen y decidimos seguir.

Llegamos al puerto, en Puttgarden. No encontramos ningún lugar para esperar; ni cafés, ni bares, ni salas de espera, ni terminales, ni nada. Así que compramos los pasajes y embarcamos en el ferry que une Alemania con Dinamarca. Entramos con las bicis por la bodega de carga y después subimos arriba a ver el mar mientras comemos algo.

Desembarcamos en el últimos país de nuestro viaje, Dinamarca. Como hace frío y sigue sin haber ningún lugar en el que cobijarnos, tiramos para adelante. Por suerte encontramos nuestra primera pastelería danesa unos kilómetros más adelante y volvemos a darle una oportunidad a nuestros compañeros excindidos para que nos alcancen mientras nosotros aumentamos nuestras reservas de glucógeno en forma de michelines. Pasada una hora, nos cierran el local y tiramos directos a nuestra casa para esta noche. Ya es de noche y aquí los nombres son muy raros, más incluso que en Alemania, Francia, Holanda o Bélgica, y encontrar la calle no es fácil. Por suerte preguntando se llega a Roma y pronto nos encontramos rodando por la calle en busca del número. Antes de llegar nos “caza”  Eyal, nuestro hospedador, por el camino y nos escolta hasta su casa, que es una especie de granja remodelada enorme y muy bonita. Aquí hemos conocido a su mujer, Pernille. Tiempo después llegan por fin nuestros compis: Héctor, Santi y Alberto. Se han cascado 100 kilómetros hoy y parece que se han perdido un poquito, pero están enteros y con hambre.

Nos sirven una cena capaz de matar a un elefante de sobre ingesta y después jugamos al billar y charlamos con la mujer, la hija pequeña y el hijo, que llegan después. A la hija le gusta bailar y el chico es un campeón de kayak con un montón de medallas.


Eutin – Gosdorf (45 Km)

2 diciembre 2009

Jan y Susie tienen que ir a trabajar temprano: a las 6:30 ha bajado él a la cocina y nos hemos despertado, ya que tenemos el sueño de un pajarito…algunos. Otras personas lo tienen de marmota y han necesitado un estímulo más notable para empezar a levantar los párpados. Al rato ha bajado Susie y mientras ellos preparaban el desayuno nosotros hemos recogido nuestras cosas. Después Jan se ha tenido que marchar a trabajar y los demás hemos recogido la mesa y preparado nuestras cosas. Foto con Susie y a correr.

Primer día que salimos pronto de verdad: a las 8:00 partimos rumbo  a Gosdorf, un pueblecito a unos 50 kilómetros de Eutin. Para cuando asoma el sol nosotros ya llevamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas.

Hoy es el día más frío de todo el viaje: 3’7 grados a primera hora de la mañana, y no mucho más hasta mediodía, que sube a 7 de mala gana. Manuel ha perdido sus guantes y tiene que ir metiendo las manos en sus bolsillos de vez en cuando, ya que entre el frío y la humedad de los muchos pantanos y lagos de la zona se te quedan heladas en poco tiempo.

Vamos siguiendo la ruta hasta que llegamos a Grömitz. Allí nos damos cuenta de que nos hemos confundido un poquito y nos hemos desviado…¡hasta el mar! La verdad es que no está del todo mal: sólo tenemos que hacer unos pocos kilómetros más, y ver el mar Báltico tiene su encanto, así que aprovechamos para meter los pies en él (y perder la sensibilidad en dichos miembros), comer mientras lo contemplamos e irnos a un café-pastelería a hacer de las nuestras. Por el camino encontramos una tienda que vende guantes a 1 € y compramos un par cada uno. Una vez en el café ponemos los pies en el radiador y disfrutamos del calorcito del sitio. Hora y mucho después, recuperada la movilidad de los dedos de los pies, volvemos a la carga.

En poco más de un suspiro llegamos a nuestro destino, Gosdorf. Es un pueblo muy, muy pequeño. Mandamos un SMS a nuestro hospedador y a los 5 minutos sale un señor de una de las pocas casas diciendo “Eh! Guys!”. Es John, la persona que nos va a alojar esta noche. Pertenece a la red alemana de cicloturistas que tan bien nos está haciendo. Es un alemán entrado en años, pero grande, fuerte y sano. En su casa descubrimos por qué: tiene un gran taller en donde fabrica todo tipo de cosas en madera relacionadas con el deporte, como arcos y kayaks. Entre otras aventuras, cabe citar que ha cruzado el atlántico en solitario en un barquito fabricado por el mismo, aunque él no le da mucha importancia al asunto (tipos duros estos alemanes). También ha viajado por medio mundo en bicicleta y kayak.

Como hemos llegado muy pronto, nos ha preparado una comida muy rica, e incluso ha hecho comida para vegetarianos y comida para omnívoros.  Pasaremos el día de hoy y el de mañana aquí, preparando las últimas etapas y los encuentros con Kim y otras personas que se unan a esta última parte del viaje, y el jueves nos pondremos en marcha de nuevo.


Kiel – Eutin (57 Km)

30 noviembre 2009

Esta noche la hemos pasado todos juntos en la misma habitación: cinco personas durmiendo en el suelo, una en la cama y la otra colgando del techo (tenían una hamaca).

Nos hemos levantado tarde (como no) y hemos salido aún más tarde. En realidad, cuando nos hemos levantado, no sabíamos cuál era el plan para hoy. Hemos ido a desayunar a un bar cercano y hablar sobre lo que íbamos a hacer pero hemos acabado hablando de otros temas, así que nos hemos ido a la casa a mirar los correos de los posibles hospedadores de diferentes ciudades para decidirnos. Al final el plan es que Héctor y Juan se quedarán en la casa trabajando y los demás (Mario, Manuel, Stephie y Belén) irán a una de las casas en las que podemos tener alojamiento, concretamente en Eutin. Es un pueblo que está relativamente cerca (unos 50 Km), pero al sur. Sí, al sur, lo que significa ir hacia atrás.

Salimos a las doce ya pasadas. Ha llovido durante la noche pero ahora el tiempo está bien, no amenaza lluvia. De hecho hemos mirado el pronóstico y decía que venía viento del norte, lo que significa un descenso de las temperaturas, pero también de las probabilidades de que llueva. Vamos dirección Plön, un pueblo cercano a Eutin, y lo hacemos bastante lentos; no sabemos si es por acostarnos tarde, por seguir el ritmo de Kim u otra cosa (o una mezcla de todas), pero no rendimos lo habitual. Hacemos los primeros 20 kilómetros en algo menos de dos (interminables) horas. Llegamos a un pueblo y pensamos en entrar a un super a comprar comida y seguir rodando un poco más, pero no sabemos cómo nos encontramos de pronto sentados en una mesa comiéndonos lo comprado. Despues nos ponemos de nuevo en marcha con el mismo objetivo, Plön. El camino se vuelve a hacer un poco pesado, pero un poquito menos gracias a otro de esos bonitos y misteriosamente largos atardeceres. Además, hoy es sin duda uno de los más (o quizás el más) bonitos de todo el viaje; por primera vez en desde que salimos de España encontramos de nuevo cuestas considerables y en cantidad, el carril bici nos desvía a menudo por caminos de tierra preciosos dentro de la naturaleza, vemos lagos enoooormes con gran cantidad de fauna de todo tipo, nos cruzamos con un montón de manzanos de los que vamos picando cual abejas y, por último, disfrutamos del atardecer y de la densa bruma que se forma rápidamente al caer el sol.

En Plön hemos comido otro poquito más y hemos continuado hasta el final de etapa, Eutin. Sólo 15 kilómetros separan un pueblo del otro, pero hoy nos ha parecido un mundo. Cuando al fin hemos llegado a Eutin saliendo de la bruma nocturna nos hemos dirigido a la estación de tren, ya que Stephie se marcha esta noche. Allí ha mirado los billetes para Hamburgo (desde allí luego se irá a Munich) y ha comprado uno para las 19:30. Hasta entonces hemos estado haciendo tiempo, primero en una pastelería (¡qué golosos somos!) y luego en la casa de nuestros hospedadores. Allí hemos conocido a Jan y Susie, una pareja de cicloturistas de una red alemana que funciona de maravilla. No hay más que ver (¡y probar!) la cena que nos han preparado: patatas gratinadas con queso y una salsa deliciosa para mojar en ella y ensalada de guarición, todo ello regado con zumo casero de manzana. Después de la cena hemos estado de tertulia con ellos y ahora ya nos vamos a acostar.


Hamburgo – Kiel (105 Km)

29 noviembre 2009

Después de unos días de relax en Hamburgo, con visita a la montaña rusa incluida (al menos para algunos), toca subirse a la burra y tirar dirección Copenhague.

Quedamos a las 11:00 en la plaza del ayuntamiento todos los españoles; a eso de las 11:23 aparecemos. También hemos quedado con el australiano Kim y sus acompañantes, Richard y Riko, a las 11:30. Al final nos reunimos un montón de gente allí: Héctor, Juan, Manuel, Mario, Belén, Stephie (una alemana amiga de Belén que estará unos días con nosotros), un par de personas de las que nos han alojado, Kim, Richard, Riko, tres ingleses que se han unido a Kim y un par de personas más que van grabando y fotografiándole. Y a eso hay que sumarle tooooda la gente de la “Rathausmarkt”, tanto mercaderes, como artistas ambulantes, como los propios visitantes (que no son pocos). Kim & Cía sacan algunas pancartas con lemas ecologistas y extiende otra en el suelo para que la gente pueda escribir o dibujar lo que quiera, relacionado con la ecología y el medioambiente, en ella, Richard se pone una careta de nariz aguileña y atrae la atención de la gente con sus monerías y sus malabares; Riko saca un altavoz y lo usa para atraer también a la gente; Stephie actúa como traductora; nosotros grabamos tomas y Juan y los otros cámaras y fotógrafos inmortalizan el momento con sus objetivos.

Hora y media más tarde, recogemos todo el tinglado y nos ponemos todos en marcha: 11 ciclistas de medio mundo saliendo conjuntamente hacia Copenhague. Lamentablemente pronto pasamos a ser menos, ya que los 3 ingleses tienen un destino de etapa diferente del resto. Los demás continuamos la jornada juntos. Esta vez el “jefe” del grupo es Kim y le seguimos todos a él; lleva GPS, así que tampoco es mala idea hacerlo. Aún no hemos salido de la ciudad cuando tenemos el primer problema: a Belén se le a enrollado un pulpo en la rueda trasera. Tardamos un rato en arreglarlo, que unos aprovechan para comer y otros para descomer. Reanudamos la marcha y salimos de Hambugo.  Kim va a buen ritmo, y pronto los españoles nos quedamos atrás, aunque nos van esperando de vez en cuando. Y en el momento en que logramos unificar el grupo, rodar rápido por un entorno bonito y con carril bici…¡Zas! Nueva avería. Esta vez le toca el turno a Riko, que ha sufrido un pinchazo de los gordos, ya que ha perdido todo el aire en un visto y no visto. Para colmo su rueda en de cambio interno y se necesitan herramientas para sacarla, con lo que se ralentiza el proceso. Aprovechamos para comer y Kim y Richard para jugar al fútbol tambien. Después continuamos la marcha, aunque son las 15:00 y está anocheciendo. Kim, Richard y Riko han decidido ir más rápido, mientras que los españoles iremos a un ritmo mas tranquilito. Al poco rato Riko vuelve a sufrir un incidente con su bici, aunque es poca cosa; simplemente tenía que estirar la cadena. Esto da pie a que los españoles alcancen de nuevo a Kim & Cía; en este punto, hemos decidido que vamos a tomar un tren cuando no queramos pedalear más, así que nos vamos a separar. Kim, Richard, Riko y Mario van a seguir hasta el final en bici mientras que Héctor, Manuel, Belén y Stephie cogerán un tren cuando no quieran pedalear más.

Nos reunimos todos unas horas después en Kiel, nuestro destino para hoy, en casa de los hospedadores de Kim, Richard y Riko. Allí cenamos todos juntos parte de la ingente cena que nos han preparado Andres y Andres (se llaman igual). Después nos separamos: esta vez no tenemos previsto vernos todos de nuevo hasta un par de días antes de llegar a Copenhague, así que nos despedimos hasta más ver. Los españoles vamos a otra casa en la que dormiremos esta noche, y que es donde está Juan ahora mismo. Una vez allí conocemos a Malte, nuestro anfitrión, y al resto de sus compañeros de piso. Nos tomamos un té, echamos unas partidas al ajedrez y nos vamos a la camita, que ya se ha hecho muy tarde.