Ayer estuvimos dando una vuelta por los alrededores de Gosdorf. Hizo frío, bastante más que ayer. Tuvimos temperaturas de 2 grados durante casi todo el día, y por la tarde, cuando llegamos a casa, iba empeorando. Vimos de nuevo el Báltico y compramos algo para hacer la cena.
Al llegar a casa descubrimos que John ya ha preparado la cena, pero son las 5:00 de la tarde. Así que comemos y después hacemos la segunda cena; se suponía que iba a ser una lasaña, pero se nos peg
a la pasta y acabamos troceándola. Al final el resultado no es malo y John asegura que está muy rica (es más probable que se la comeria por compromiso).
Esta mañana partimos a las 10:00 para hacer nuestra última etapa en territorio alemán. Nos despedimos de John, que tan bien nos ha tratado y nos hacemos una foto con él. La mañana es muy fría y un poco ventosa, pero mientras no llueva podemos tirar sin problemas. De hecho, vamos rapidito y en 10 minutos no sentimos frío en ninguna parte. Eso sí, cuando paramos nos quedamos fríos y cuesta volver a pedalear al mismo ritmo qe antes. La carretera es fácil de seguir; tiene carril bici y no hay apenas desvíos. En un momento dado, estamos descansando en una marquesina de autobús cuando aparece John en coche. Viene de ver a un amigo suyo, el cual viene con él. Nos saludamos, intercambiamos unas frases y continuamos la marcha.
Héctor y dos amigos suyos que han venido en avión deberían alcanzarnos en el día de hoy, en cualquier parte del recorrido. A Juan tamién deberíamos verlo en algún momento. Nosotros paramos en un pueblo a medio camino de Puttgarden a descansar y esperar a Héctor y compañía en una pastelería, calentitos, pero no aparecen y decidimos seguir.
Llegamos al puerto, en Puttgarden. No encontramos ningún lugar para esperar; ni cafés, ni bares, ni salas de espera, ni terminales, ni nada. Así que compramos los pasajes y embarcamos en el ferry que une Alemania con Dinamarca. Entramos con las bicis por la bodega de carga y después subimos arriba a ver el mar mientras comemos algo.
Desembarcamos en el últimos país de nuestro viaje, Dinamarca. Como hace frío y sigue sin haber ningún lugar en el que cobijarnos, tiramos para adelante. Por suerte encontramos nuestra primera pastelería danesa unos kilómetros más adelante y volvemos a darle una oportunidad a nuestros compañeros excindidos para que nos alcancen mientras nosotros aumentamos nuestras reservas de glucógeno en forma de michelines. Pasada una hora, nos cierran el local y tiramos directos a nuestra casa para esta noche. Ya es de noche y aquí los nombres son muy raros, más incluso que en Alemania, Francia, Holanda o Bélgica, y encontrar la calle no es fácil. Por suerte preguntando se llega a Roma y pronto nos encontramos rodando por la calle en busca del número. Antes de llegar nos “caza” Eyal, nuestro hospedador, por el camino y nos escolta hasta su casa, que es una especie de granja remodelada enorme y muy bonita. Aquí hemos conocido a su mujer, Pernille. Tiempo después llegan por fin nuestros compis: Héctor, Santi y Alberto. Se han cascado 100 kilómetros hoy y parece que se han perdido un poquito, pero están enteros y con hambre.
Nos sirven una cena capaz de matar a un elefante de sobre ingesta y después jugamos al billar y charlamos con la mujer, la hija pequeña y el hijo, que llegan después. A la hija le gusta bailar y el chico es un campeón de kayak con un montón de medallas.
jolines, si es que ya está hecho chicos, y yo sigo feliz por lo bien que os están tratando los miembros de esta familia cicloturista que seguís ampliando, la gente es buena, jejejeje, y esa pasta troceada tiene buena pinta, de verdad. muy buena pintaaaaaaaaaa.
voy a seguir leyendo.-
un besazo