Tune – København (55 Km)

7 diciembre 2009

¡Ultima etapa!

No nos despertamos ni muy tarde ni muy temprano. Tenemos el suelo de la segunda planta tapizado  con esterillas, sacos de dormir, cuerpos, material informático y ropa. Jacobs, nuestro anfitrión, llega a tiempo para despedirse de nosotros. A las 10:00 hemos quedado en la estación de tren de Røskilde con nuestro amigo Kim, el autraliano que empezó su viaje en junio de 2008, jugando el importante papel de nexo de unión de todos los ciclistas que partimos de otras partes del mundo.

Como no podia ser de otra manera, llegamos un poco tarde, pues aparte de la imputualidad intrínseca, nuetra casa se encontraba a 9 Km. del centro de reunión.

Cuando llegamos al lugar nos sorprendemos de la cantidad de gente que hay. Allí se encuentran no solo los compañeros de Australia, Alemania, Gran Bretaña, con los que ya habiamos pedaleado juntos, sino también de otros paises como Francia, Holanda, China, etc.. además de gran cantidad de daneses que han querido mostrar su apoyo al proyecto acompañado a esta marcha en sus últimos kilómetros. El número rondaría los 50 ciclistas, cifra que se triplicaría rápidamente, engordada por los puntos de encuetro de la etapa de hoy.

La salida es motivadora: Kim y compañía doblan un recodo y pasan por delante del grueso del grupo instándonos a voces a unirnos a ellos, cosa que hacemos sin dudar, y nos ponemos en marcha un gran grupo de ciclistas rumbo a nuestra entrada triunfal en København. El ambiente es festivo y distendido, charlando con personas de las más dispares nacionalidades.

En cuanto a climatología el día no destaca por bueno, pero tampoco por malo, y no se oyen quejas de ningún participante, con lo que se lleva mejor eso de pasar frío. En lo que ha sido una mala etapa es en cuestión de incidentes: uno de los días con más pinchazos y más injustificados, ya que hemos ido siempre por asfalto y no hay plantas pinchundas en todo el trayecto. El primero ha sido de Kim y hemos aprovechado el tiempo de la reparación para echar un partido de fútbol en el césped. La delegación española tampoco  se libró de los percances; un pinchazo (Alberto) y dos caídas (Héctor y Alberto), siendo para más inri en el mismo sitio y de la misma manera: tropezando con unos antiguos raíles de tranvía o tren. Por suerte no hay que lamentar víctimas mortales, amputaciones, roturas de huesos ni ninguna otra consecuencia que impida seguir adelante.

Hacemos tres o cuatro paradillas en las estaciones de tren de los pueblos por los que pasamos para recoger a más gente, tomar una chocolatina y continuar. A 6 km de Copenhague nos hemos reunido con bastante más gente y hemos hecho una parada para que Kim explique el plan, que consiste en hacer ruido y algo de paripé estos últimos kilómetros, consistente en sacar pancartas,  algún instumento de percursión y megáfonos. Es en este momento cuando la gente se empieza a desmadrar y a cantar eslóganes contra el cambio climático y demás.

Copenhague  es una gran ciudad con un inmeeeeeeeeenso número de ciclistas, y como nosotros somos muchos y ocupamos todo el espacio, vamos creando un atasco de ciclistas detrás nuestro (ellos no se lo toman a mal, los daneses son gente simpática y sobre todo amables), con lo que vamos dando la sensación de ser aún más participantes. Hemos llegado a una especie de centro social y de ocio en donde nos han recibido varias personas de distintas organizaciones y de la prensa, y luego hemos entrado dentro, donde tenían preparada una mesa con gran cantidad de panes, embutido, queso, verduras y  bebidas. Así que ahí nos hemos quedado un buen rato, descansando, comiendo, bebiendo y charlando. Poco a poco se ha ido marchando la gente hasta que sólo hemos quedado los españoles, Kim y gente de su entorno (estaban sus padres, entre otros). Hemos quedado para cenar mañana y nos hemos marchado, que todavía nos quedaba encontrar la casa.

Nada más salir nos topamos con un grupo de barceloneses que nos regalan un mapa y nos ubican; estamos muy cerca de la casa, así que en un cuarto de hora nos encontramos  llamando a la puerta. Ahora estamos ya en casa con Ana, que es española, y su pareja, y en breve nos iremos a una pizzería a cenar (por segunda vez), y a decansar, esta vez sin tener que pensar en la etapa de mañana, pues por fin hemos llegado a !!COPENHAGUE¡¡.

Os damos las gracias desde aquí a todos los que nos habéis seguido hasta ahora, a los que nos habéis acogido, a los que nos han apoyado de las formas más diversas y en definitiva a todos los que nos habéis ayudado a hacer posible este proyecto.

¡Nos vemos muy pronto!


Næstved – Tune (73 Km)

5 diciembre 2009

A las 10:30 nos hemos reunido todos en una de las casas y nos hemos hecho una foto con nuestros hospedadores, Thomas e Inna (danés él, rusa ella).

Hemos tenido buen tiempo desde primera hora, mejorando según avanzava el día; cuando salimos estaba medio nublado y al mediodía el sol brillaba a intervalos, cuando las nubes lo permitían. Tenemos en mente hacer 60 kilómetros hasta Roskilde o un pueblo cercano, así que vamos relajadetes y sin prisas, haciendo paradas sin ton ni son para hacer fotos de chorradas, como letreros en danés que suenan gracioso en español. Hay que decir que, desde el norte de Alemania, el terreno ya no es tan llano y podemos disfrutar de pequeñas subidas y bajadas; el de hoy ha sido un contínuo subibaja aunque  no muy duro.

Hacemos una parada en un pueblecito y picamos algo, y luego hacemos otro ya en nuestro destino, Roskilde, así que en esta etapa no hemos comido prácticamente nada. Tomamos algo en un bar y hacemos tiempo, ya que hemos quedado con Kim, el australiano. Lamentablemente éste no viene y se hace tarde, así que decidimos irnos a nuestra casa por esta noche. Este último tramo nos toca hacerlo de noche.

Hemos llegado a la casa y hemos conocido a Jacob y su hermano, nuestros anfitriones. Hemos cenado en una pizzería-kebab y hemos vuelto, a tiempo para charlar con ellos antes de irnos a la cama y prepararnos para…¡La última etapa del viaje!


Rødby – Næstved (89 Km)

4 diciembre 2009

Manuel ha sido el primero en despertarse hoy y lo ha hecho a las 7:30. Los demás se han  ido despertando paulativamente un poco más tarde cada uno. La idea inicial era partir de inmediato (sin desayunar “ni ná”, que se suele decir), pero la casualidad ha vuelto a jugar una baza a nuestro favor; poco antes de salir llaman al teléfono a Pernille. Es el periódico local. Una de las personas a las que preguntamos ayer por la noche para llegar a esta casa le ha avisado de que hay un porrón de españoles en bicicleta en una casa del pueblo y para allí que han ido. Como tardará unos minutos en venir, nos da tiempo a desayunar copiosamente hasta que llega. Después nos entrevista,  nos hacemos unas fotos, nos despedimos y nos vamos.

Tenemos que llegar hoy a Næstved, un pueblo a mitad de camino entre Rødby y København (oséase, Copenhague). Son unos 90 kilómetros y ya son más de las 10:00: volveremos a pedalear de noche.

Después de rodar durante tanto tiempo 3 ó 4 personas se hace raro rodar 6 todos juntos, nos da la sensación de ser muchos más. Sigue haciendo frío, y  cada cual se enfrenta a él como buenamente puede: doble culotte, dos pantalones, varias capas, varios impermeables, botas, goretex, sympatex, una simple bolsa de plástico para proteger las pertenencias más queridas o sensibles…En la guerra y en el cicloturismo todo vale. De todas formas lo soportamos bastante bien, y rodando a velocidad generosa el frío se deja de sentir. Los paisajes no son lo más bonitos que hemos visto, pero los alegran algunos puentes sobre el mar que tenemos el placer de cruzar. Y de paso nos hacemos algunas fotos en los que más nos gustan.

A mitad de recorrido hacemos la parada para comer, y surge el problema monetario; en Dinamarca se usa la corona danesa en lugar del euro. En  algunos establecimientos puedes pagar en euros, pero te cobran bastante más, tiene que ser en billetes y el cambio te lo dan en coronas danesas. Así que preferimos entrar en un banco y cambiar euros por coronas que, aunque te cobran por ello, es una tasa fija y entre todos tocamos a menos. Hecho esto buscamos un lugar para comer calentitos y elegimos una pizzería-kebab. Comemos y nos vamos (cómo no) a una pastelería a tomar café y dulces. Juan aprovecha para intentar ligar con la dependienta con chistes malos mientras los demás planeamos como nos vamos a repartir hoy, ya que tenemos dos casas para alojarnos. Cuando salimos ya es de noche y hace mucho frío, así que nos ponemos las luces y los reflectantes y continuamos la etapa. A pesar de no haber ninguna luz auxiliar a parte de los frontales (que no iluminan mucho), se rueda bastante bien por el carril bici y vamos bastante rápido.

Llegamos a Næstved dos horas después; no nos ha llovido y, a pesar de marcar pocos grados sobre cero el termómetro, la sensación térmica es más cálida que durante el día. Alberto lleva un GPS, así que se acabaron las yimkanas de buscar mapas y preguntar a la gente: vamos directamente a la casa a la voz de “a 200 metros, gire a la derecha”. Llegamos a la primera casa y nos presentamos; los hospedadores se acongojonan un poco al ver a 7 personas, ya que ellos habían pactado para 3, pero explicamos que 4 de nosotros se irán a otra casa y el  ambiente se distiende. Después nos separamos y cada uno se va para su casa que, casualidades de la vida, están a 40 metros la una de la otra.


Gosdorf – Rødby (59 Km)

3 diciembre 2009

Ayer estuvimos dando una vuelta por los alrededores de Gosdorf. Hizo frío, bastante más que ayer. Tuvimos temperaturas de 2 grados durante casi todo el día, y por la tarde, cuando llegamos a casa, iba empeorando. Vimos de nuevo el Báltico y compramos algo para hacer la cena.

Al llegar a casa descubrimos que John ya ha preparado la cena, pero son las 5:00 de la tarde. Así que comemos y después hacemos la segunda cena; se suponía que iba a ser una lasaña, pero se nos pega la pasta y acabamos troceándola. Al final el resultado no es malo y John asegura que está muy rica (es más probable que se la comeria por compromiso).

Esta mañana partimos a las 10:00 para hacer nuestra última etapa en territorio alemán. Nos despedimos de John, que tan bien nos ha tratado y nos hacemos una foto con él. La mañana es muy fría y un poco ventosa, pero mientras no llueva podemos tirar sin problemas. De hecho, vamos rapidito y en 10 minutos no sentimos frío en ninguna parte. Eso sí, cuando paramos nos quedamos fríos y cuesta volver a pedalear al mismo ritmo qe antes. La carretera es fácil de seguir; tiene carril bici y no hay apenas desvíos. En un momento dado, estamos descansando en una marquesina de autobús cuando aparece John en coche. Viene de ver a un amigo suyo, el cual viene con él. Nos saludamos, intercambiamos unas frases y continuamos la marcha.

Héctor y dos amigos suyos que han venido en avión deberían alcanzarnos en el día de hoy, en cualquier parte del recorrido. A Juan tamién deberíamos verlo en algún momento. Nosotros paramos en un pueblo a medio camino de Puttgarden a descansar y esperar a Héctor y compañía en una pastelería, calentitos, pero no aparecen y decidimos seguir.

Llegamos al puerto, en Puttgarden. No encontramos ningún lugar para esperar; ni cafés, ni bares, ni salas de espera, ni terminales, ni nada. Así que compramos los pasajes y embarcamos en el ferry que une Alemania con Dinamarca. Entramos con las bicis por la bodega de carga y después subimos arriba a ver el mar mientras comemos algo.

Desembarcamos en el últimos país de nuestro viaje, Dinamarca. Como hace frío y sigue sin haber ningún lugar en el que cobijarnos, tiramos para adelante. Por suerte encontramos nuestra primera pastelería danesa unos kilómetros más adelante y volvemos a darle una oportunidad a nuestros compañeros excindidos para que nos alcancen mientras nosotros aumentamos nuestras reservas de glucógeno en forma de michelines. Pasada una hora, nos cierran el local y tiramos directos a nuestra casa para esta noche. Ya es de noche y aquí los nombres son muy raros, más incluso que en Alemania, Francia, Holanda o Bélgica, y encontrar la calle no es fácil. Por suerte preguntando se llega a Roma y pronto nos encontramos rodando por la calle en busca del número. Antes de llegar nos “caza”  Eyal, nuestro hospedador, por el camino y nos escolta hasta su casa, que es una especie de granja remodelada enorme y muy bonita. Aquí hemos conocido a su mujer, Pernille. Tiempo después llegan por fin nuestros compis: Héctor, Santi y Alberto. Se han cascado 100 kilómetros hoy y parece que se han perdido un poquito, pero están enteros y con hambre.

Nos sirven una cena capaz de matar a un elefante de sobre ingesta y después jugamos al billar y charlamos con la mujer, la hija pequeña y el hijo, que llegan después. A la hija le gusta bailar y el chico es un campeón de kayak con un montón de medallas.


Eutin – Gosdorf (45 Km)

2 diciembre 2009

Jan y Susie tienen que ir a trabajar temprano: a las 6:30 ha bajado él a la cocina y nos hemos despertado, ya que tenemos el sueño de un pajarito…algunos. Otras personas lo tienen de marmota y han necesitado un estímulo más notable para empezar a levantar los párpados. Al rato ha bajado Susie y mientras ellos preparaban el desayuno nosotros hemos recogido nuestras cosas. Después Jan se ha tenido que marchar a trabajar y los demás hemos recogido la mesa y preparado nuestras cosas. Foto con Susie y a correr.

Primer día que salimos pronto de verdad: a las 8:00 partimos rumbo  a Gosdorf, un pueblecito a unos 50 kilómetros de Eutin. Para cuando asoma el sol nosotros ya llevamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas.

Hoy es el día más frío de todo el viaje: 3’7 grados a primera hora de la mañana, y no mucho más hasta mediodía, que sube a 7 de mala gana. Manuel ha perdido sus guantes y tiene que ir metiendo las manos en sus bolsillos de vez en cuando, ya que entre el frío y la humedad de los muchos pantanos y lagos de la zona se te quedan heladas en poco tiempo.

Vamos siguiendo la ruta hasta que llegamos a Grömitz. Allí nos damos cuenta de que nos hemos confundido un poquito y nos hemos desviado…¡hasta el mar! La verdad es que no está del todo mal: sólo tenemos que hacer unos pocos kilómetros más, y ver el mar Báltico tiene su encanto, así que aprovechamos para meter los pies en él (y perder la sensibilidad en dichos miembros), comer mientras lo contemplamos e irnos a un café-pastelería a hacer de las nuestras. Por el camino encontramos una tienda que vende guantes a 1 € y compramos un par cada uno. Una vez en el café ponemos los pies en el radiador y disfrutamos del calorcito del sitio. Hora y mucho después, recuperada la movilidad de los dedos de los pies, volvemos a la carga.

En poco más de un suspiro llegamos a nuestro destino, Gosdorf. Es un pueblo muy, muy pequeño. Mandamos un SMS a nuestro hospedador y a los 5 minutos sale un señor de una de las pocas casas diciendo “Eh! Guys!”. Es John, la persona que nos va a alojar esta noche. Pertenece a la red alemana de cicloturistas que tan bien nos está haciendo. Es un alemán entrado en años, pero grande, fuerte y sano. En su casa descubrimos por qué: tiene un gran taller en donde fabrica todo tipo de cosas en madera relacionadas con el deporte, como arcos y kayaks. Entre otras aventuras, cabe citar que ha cruzado el atlántico en solitario en un barquito fabricado por el mismo, aunque él no le da mucha importancia al asunto (tipos duros estos alemanes). También ha viajado por medio mundo en bicicleta y kayak.

Como hemos llegado muy pronto, nos ha preparado una comida muy rica, e incluso ha hecho comida para vegetarianos y comida para omnívoros.  Pasaremos el día de hoy y el de mañana aquí, preparando las últimas etapas y los encuentros con Kim y otras personas que se unan a esta última parte del viaje, y el jueves nos pondremos en marcha de nuevo.


Kiel – Eutin (57 Km)

30 noviembre 2009

Esta noche la hemos pasado todos juntos en la misma habitación: cinco personas durmiendo en el suelo, una en la cama y la otra colgando del techo (tenían una hamaca).

Nos hemos levantado tarde (como no) y hemos salido aún más tarde. En realidad, cuando nos hemos levantado, no sabíamos cuál era el plan para hoy. Hemos ido a desayunar a un bar cercano y hablar sobre lo que íbamos a hacer pero hemos acabado hablando de otros temas, así que nos hemos ido a la casa a mirar los correos de los posibles hospedadores de diferentes ciudades para decidirnos. Al final el plan es que Héctor y Juan se quedarán en la casa trabajando y los demás (Mario, Manuel, Stephie y Belén) irán a una de las casas en las que podemos tener alojamiento, concretamente en Eutin. Es un pueblo que está relativamente cerca (unos 50 Km), pero al sur. Sí, al sur, lo que significa ir hacia atrás.

Salimos a las doce ya pasadas. Ha llovido durante la noche pero ahora el tiempo está bien, no amenaza lluvia. De hecho hemos mirado el pronóstico y decía que venía viento del norte, lo que significa un descenso de las temperaturas, pero también de las probabilidades de que llueva. Vamos dirección Plön, un pueblo cercano a Eutin, y lo hacemos bastante lentos; no sabemos si es por acostarnos tarde, por seguir el ritmo de Kim u otra cosa (o una mezcla de todas), pero no rendimos lo habitual. Hacemos los primeros 20 kilómetros en algo menos de dos (interminables) horas. Llegamos a un pueblo y pensamos en entrar a un super a comprar comida y seguir rodando un poco más, pero no sabemos cómo nos encontramos de pronto sentados en una mesa comiéndonos lo comprado. Despues nos ponemos de nuevo en marcha con el mismo objetivo, Plön. El camino se vuelve a hacer un poco pesado, pero un poquito menos gracias a otro de esos bonitos y misteriosamente largos atardeceres. Además, hoy es sin duda uno de los más (o quizás el más) bonitos de todo el viaje; por primera vez en desde que salimos de España encontramos de nuevo cuestas considerables y en cantidad, el carril bici nos desvía a menudo por caminos de tierra preciosos dentro de la naturaleza, vemos lagos enoooormes con gran cantidad de fauna de todo tipo, nos cruzamos con un montón de manzanos de los que vamos picando cual abejas y, por último, disfrutamos del atardecer y de la densa bruma que se forma rápidamente al caer el sol.

En Plön hemos comido otro poquito más y hemos continuado hasta el final de etapa, Eutin. Sólo 15 kilómetros separan un pueblo del otro, pero hoy nos ha parecido un mundo. Cuando al fin hemos llegado a Eutin saliendo de la bruma nocturna nos hemos dirigido a la estación de tren, ya que Stephie se marcha esta noche. Allí ha mirado los billetes para Hamburgo (desde allí luego se irá a Munich) y ha comprado uno para las 19:30. Hasta entonces hemos estado haciendo tiempo, primero en una pastelería (¡qué golosos somos!) y luego en la casa de nuestros hospedadores. Allí hemos conocido a Jan y Susie, una pareja de cicloturistas de una red alemana que funciona de maravilla. No hay más que ver (¡y probar!) la cena que nos han preparado: patatas gratinadas con queso y una salsa deliciosa para mojar en ella y ensalada de guarición, todo ello regado con zumo casero de manzana. Después de la cena hemos estado de tertulia con ellos y ahora ya nos vamos a acostar.


Hamburgo – Kiel (105 Km)

29 noviembre 2009

Después de unos días de relax en Hamburgo, con visita a la montaña rusa incluida (al menos para algunos), toca subirse a la burra y tirar dirección Copenhague.

Quedamos a las 11:00 en la plaza del ayuntamiento todos los españoles; a eso de las 11:23 aparecemos. También hemos quedado con el australiano Kim y sus acompañantes, Richard y Riko, a las 11:30. Al final nos reunimos un montón de gente allí: Héctor, Juan, Manuel, Mario, Belén, Stephie (una alemana amiga de Belén que estará unos días con nosotros), un par de personas de las que nos han alojado, Kim, Richard, Riko, tres ingleses que se han unido a Kim y un par de personas más que van grabando y fotografiándole. Y a eso hay que sumarle tooooda la gente de la “Rathausmarkt”, tanto mercaderes, como artistas ambulantes, como los propios visitantes (que no son pocos). Kim & Cía sacan algunas pancartas con lemas ecologistas y extiende otra en el suelo para que la gente pueda escribir o dibujar lo que quiera, relacionado con la ecología y el medioambiente, en ella, Richard se pone una careta de nariz aguileña y atrae la atención de la gente con sus monerías y sus malabares; Riko saca un altavoz y lo usa para atraer también a la gente; Stephie actúa como traductora; nosotros grabamos tomas y Juan y los otros cámaras y fotógrafos inmortalizan el momento con sus objetivos.

Hora y media más tarde, recogemos todo el tinglado y nos ponemos todos en marcha: 11 ciclistas de medio mundo saliendo conjuntamente hacia Copenhague. Lamentablemente pronto pasamos a ser menos, ya que los 3 ingleses tienen un destino de etapa diferente del resto. Los demás continuamos la jornada juntos. Esta vez el “jefe” del grupo es Kim y le seguimos todos a él; lleva GPS, así que tampoco es mala idea hacerlo. Aún no hemos salido de la ciudad cuando tenemos el primer problema: a Belén se le a enrollado un pulpo en la rueda trasera. Tardamos un rato en arreglarlo, que unos aprovechan para comer y otros para descomer. Reanudamos la marcha y salimos de Hambugo.  Kim va a buen ritmo, y pronto los españoles nos quedamos atrás, aunque nos van esperando de vez en cuando. Y en el momento en que logramos unificar el grupo, rodar rápido por un entorno bonito y con carril bici…¡Zas! Nueva avería. Esta vez le toca el turno a Riko, que ha sufrido un pinchazo de los gordos, ya que ha perdido todo el aire en un visto y no visto. Para colmo su rueda en de cambio interno y se necesitan herramientas para sacarla, con lo que se ralentiza el proceso. Aprovechamos para comer y Kim y Richard para jugar al fútbol tambien. Después continuamos la marcha, aunque son las 15:00 y está anocheciendo. Kim, Richard y Riko han decidido ir más rápido, mientras que los españoles iremos a un ritmo mas tranquilito. Al poco rato Riko vuelve a sufrir un incidente con su bici, aunque es poca cosa; simplemente tenía que estirar la cadena. Esto da pie a que los españoles alcancen de nuevo a Kim & Cía; en este punto, hemos decidido que vamos a tomar un tren cuando no queramos pedalear más, así que nos vamos a separar. Kim, Richard, Riko y Mario van a seguir hasta el final en bici mientras que Héctor, Manuel, Belén y Stephie cogerán un tren cuando no quieran pedalear más.

Nos reunimos todos unas horas después en Kiel, nuestro destino para hoy, en casa de los hospedadores de Kim, Richard y Riko. Allí cenamos todos juntos parte de la ingente cena que nos han preparado Andres y Andres (se llaman igual). Después nos separamos: esta vez no tenemos previsto vernos todos de nuevo hasta un par de días antes de llegar a Copenhague, así que nos despedimos hasta más ver. Los españoles vamos a otra casa en la que dormiremos esta noche, y que es donde está Juan ahora mismo. Una vez allí conocemos a Malte, nuestro anfitrión, y al resto de sus compañeros de piso. Nos tomamos un té, echamos unas partidas al ajedrez y nos vamos a la camita, que ya se ha hecho muy tarde.


Rahmstorf – Hamburgo (45 Km)

25 noviembre 2009

Esta mañana Günter y Christel nos han intentado levantar de forma sutil: no sabían a qué se enfrentaban. Primero han empezado ha hacer un poco de ruido, después un poco más, luego han hecho sonar un reloj y por último lo han intentado poniendo su despertador pegado a nuestra puerta. Ha sido en vano. Al final ha tenido que subir Manuel ha despertar a voces a los demás, porque si no aún seguiríamos allí roncando. Al parecer tenían que irse al cumpleaños de su hija y tenían prisa, así que todo el rato que hemos estado allí han estado metiéndonos prisa para que nos fuéramos, aunque eso sí, de forma muy simpática. Y nos han servido un desayuno de lujo con panes de varios tipos, embutido, queso y un huevo pasado por agua entre otros manjares. Después hemos procurado darnos prisa en recogerlo todo y partir con las bicis, previa sesión de fotos por parte nuestra y de la de Günter.

Salimos a las 11:40, muy tarde, pero no tenemos prisa: a partir de ahora las etapas deberían ser muy cortas, ya que tenemos mucho tiempo para hacer (relativamente) pocos kilómetros. Queremos hacer una etapa de unos 20-30 kilómetros para llegar a Hamburgo y pasar unos días allí haciendo cosas, entre ellas conocer a un australiano que lleva un año pedaleando para llegar a la cumbre de Copenhague. Así que salimos tarde y sin prisas, disfrutando del viaje. Günter nos ha recomendado tomar una vía sólo para bicis que discurre por un bosque y entre arroyos. En un momento dado la pista se bifurca en dos y no sabemos por dónde ir. La intuición nos dice que por la izquierda, así que por ahí tiramos. El camino es precioso, pero poco a poco pasa de ser una pista asfaltada a una de tierra, luego a un camino y después a un sendero entre la maleza. Creemos que vamos a tener que dar la vuelta, pero una exploración más exaustiva nos revela que pocos metros mas adelante hay unas vías de tren que cruzan el sendero y luego éste continúa a la izquierda. Decidimos ir un poco a la aventura, hoy que no hay prisa, y tomar ese sendero, a ver si desemboca en otro camino mayor. Y tenemos suerte, puesto que unos metros más adelante se cruza con el camino que deberíamos haber tomado, el cual está bien señalizado para bicis. Continuamos por él hasta llegar a la siguiente población, en donde nos toca incorporarnos a la carretera aunque, eso sí, por nuestro carril bici.

Hacemos una parada en una pastelería (¡qué golosos somos!) y estamos un ratito allí zampando. Después continuamos y pasamos frente a la fábrica de piezas del Airbus, en donde vemos los aviones con joroba que se utilizan para transportar piezas de otros aviones. En poco tiempo llegamos al embarcadero: allí vamos a tomar un ferry para cruzar el Elva y meternos en pleno centro de la ciudad (hace tiempo que estamos dentro, pero en la zona industrial de la periferia). Subimos con nuestras bicis al barco y disfrutamos del paseo. Günter nos había indicado que podíamos pagar el billete dentro, en el mismo barco, pero durante todo el trayecto no aparece nadie que nos lo pida y al final acabamos viajando gratis.

Una vez cruzado el río entramos en una oficina de información turística y cogemos un mapa de la ciudad para cada uno. Nuestra próxima parada es la “Rathausmarkt”, oséase, la plaza del ayuntamiento. Allí nos encontramos con Juan, picamos algo y vemos un espectáculo navideño que se desarrolla justo a la hora a la que llegamos. Después nos vamos a buscar un ciber-café o algún sitio con internet, ya que dos de nosotros aún no tienen casa para esta noche y tenemos que comprobar los e-mails para ver si podemos solucionarlo. Arrastramos nuestras bicis por la ciudad en busca de tal sitio cuando dos chicos nos asaltan y nos dicen algo así como “¿Españoles en bicicleta? ¿Héctor? Soy Kim”. Héctor tira la bici al suelo y empieza a dar voces mientras abraza al extraño, que en realidad no es otro que el australiano, con el cual pensábamos encontrarnos mañana. Luego sucede otra anécdota curiosa: el acompañante de Kim y Juan sacan ambos una camara de vídeo, se ponen a grabar la escena y, a la vez, se enfocan el uno al otro. ¡Él también cuenta con su propio cámara! En seguida se ponen a hablar los dos de cosas técnicas sobre los vídeos y el resto hablamos con Kim. Después nos despedimos habiendo quedado para mañana con él.

Después hemos encontrado un lugar por internet y también casa para todos, al menos para esta noche, así que nos hemos separado quedando todos para mañana en el mismo sitio en donde conocimos a Kim.


Gödestorf – Rahmstorf (105 Km)

24 noviembre 2009

Ayer estuvimos dando una vuelta por la ciudad de Bremen, haciéndonos fotillos en la escultura de los trotamúsicos (haciendo el ganso un poquito) y viendo la parte antigua, con los mercados navideños a medio montar.

La de hoy se preveía una etapa dura, de unos 100 kilómetros y con mal tiempo, con lo que era deseable madrugar y salir pronto para aprovechar al máximo las horas de luz y evitarnos el frío de la noche. Pero hemos acabado saliendo (como no) a las 11:00. En nuestro favor tenemos que decir que un copioso desayuno alemán ha tenido parte de la culpa. Y también estaba el asunto de despedirnos de Peter y su familia, que nos ha tratado muy bien y nos han dado más de lo acordado. A la salida hemos escrito nuestro nombre y nuestro e-mail porque el jefe de la hija de Peter (que trabaja en un restaurate de comida biológica) está interesado en nuestro proyecto. También nos hacemos las fotos de turno e incluso hay tiempo para probar la bici reclinada que tiene en el garaje.

Al salir hace un día estupendo; sol radiante y nubecillas de algodón. Según va avanzando la mañana va empeorando gradualmente el tiempo y van apareciendo nubes más grandes y oscuras, pero toda la mañana ha estado bastante bien en cuanto a climatología respecta. Aunque se puede hacer extensible al resto de factores de la etapa: paisajes bonitos, carril bici en condiciones, ningún contratiempo…

A las 14:30 llegamos al pueblo en donde pensábamos comer con Juan, pero después de darle un toque al móvil nos manda un SMS diciéndonos que se va directamente al final de etapa. Así que comemos sin Juan lo que llevamos: pan, queso (cuesta dejar el hábito tomado en Francia), salchichas, kiwis, plátanos y algún dulce. A estas alturas el tiempo ha empeorado considerablemente y empieza a chispear, así que optamos por entrar a una pastelería-cafetería y comer aún más cosas dulces. Mientras estamos allí dentro echando combustible al cuerpo comienza a llover más en serio, y para nuestra desgracia aún nos queda mucho trecho por recorrer, asíque no queda más remedio que hacer de tripas corazón y enfrentarse a a lluvia.

Aunque salimos a las 15:30, está todo el cielo cubierto de nubes y en pocos minutos se hace de noche. Las temperaturas bajan notablemente, estamos mojados, nos quedan decenas de kilómetros y, para colmo, tenemos que parar cada dor por tres para comprobar las direcciones; una situación no muy evidiable. Pero aún con esas nos consideramos afortunados: en estas fechas y en estas latitudes lo normal serían temperaturas cercanas a 0 grados, y nosotros tenemos 9 en el termómetro. Sí, tenemos frío, pero no queremos ni pensar en el que pasaremos si el tiempo vuelve a ser como el de antaño.

Después de varias horas, muchas asistencias al WC (¿será la lluvia?) y algún improperio en alemán (a veces el que va en cabeza no está a lo que hay que estar…), hemos llegado Rahmstorf y hemos encontrado la casa en la que vamos a pasar esta noche. Aquí hemos conocido a Günther y Christel, una pareja extremadamente hospitalaria de la red de cicloturistas alemanes, que incluso nos ha quitado las prendas mojadas de encima para ponerlas a secar y/o limpiar. Nos hemos podido pegar una ducha caliente (¡demasiado caliente!) y después nos han dejado una salita sólo para nosotros, para que cenemos agusto.


Bersenbrück – Gödestorf (98 Km)

22 noviembre 2009

Pues sí que ha llovido. Durante la noche, me refiero.

Menos mal que los que montaron tienda pusieron (por primera vez en el viaje) los vientos. Hubo una pequeña pausa que aprovechamos para desmontar la tienda y coger los bártulos, y volvió a llover justo cuando nos íbamos a ir. Siguió lloviendo durante parte de la mañana y poco a poco fue mejorando, aunque tardo un poquito en asomar el sol y empezar a calentar.

Cuando sólo quedaban 7 kilómetros para llegar al pueblo en el que habíamos quedado con Juan para comer, Mario pinchó. Por suerte para todos la rueda aguantó el tramo que quedaba con un par de infladas por el camino. Una vez llegamos Mario se puso a arreglar la rueda mientras los demás buscaban un lugar para comer. Al final decidimos pasar de comer tirados en la calle y entrar a un local a comer caliente por un día. Se trataba de un restaurante turco, con especialidades en pizzas y kebabs. Nos pedimos una pizza cada uno (y no estaban mal de tamaño y precio) y nos la comemos allí dentro mientras vemos cómo el viento sopla con fuerza afuera. Nos tomamos nuestro tiempecito para comer y después sacamos fuerzas de la flaqueza para continuar pedaleando otro tramo intenso, ya que hemos hecho aproximadamente 40 kilómetros y tenemos una etapa de casi 100.

Por la tarde disfrutamos de un tiempo estupendo de nuevo, como estos últimos días, y de un atardecer extrañamente largo: pedaleamos durante horas en el ocaso, una sensación un tanto rara para nosotros que estamos acostumbrados a los atardeceres fugaces de las tierras del norte en otoño. De nuevo nos pilló la noche en el último tramo del recorrido, aunque ya nos vamos acostumbrando y esta vez rodamos a gran velocidad sin ver prácticamente nada más que la luz roja de señalización del compañero de delante. Además, la experiencia es como montar en una atracción de feria: como no ves nada parece que vas sobre railes, pero en el fondo sabes que si te desvías demasiado te la puedes pegar. Pero en fin, sobrevivimos todos para llegar al lugar en el que pasaremos la noche. Se trata de una vieja granja reformada, muy grande y bonita. Conocemos a Peter y Erika, que son los dueños, miembros de una asociación alemana que da alojamiento a otros miembros cuando están de viaje en bicicleta. De hecho, conseguimos este alojamiento gracias a nuestros anteriores hospedadores, que llamaron a los de hoy, y los hoy llamarán a otros que están más adelante en nuestro camino. Vamos, que funciona bien esta red.

Hemos cenado crema  y pan de calabaza: exquisitas ambas cosas. Ahora nos pondremos a sacar adelante el trabajo atrasado.


Nordhorn – Bersenbrück (82 Km)

21 noviembre 2009

Esta vez amanece nublado, cayendo chirimiri. Por suerte, en poco tiempo se despeja.

Hemos quedado a las 11:00 en un pueblo más o menos cercano a todos. A las 11:20 pasadas llegan Mario y Belén; a las 11:50 aparece Juan con el coche y aparentemente entero; a las 12:15 hacen su entrada triunfal Héctor y Manuel. Aprovechamos que estamos frente a un supermercado y que hay un aplatanamiento generalizado para comprar provisiones, charlar, revisar las bicis, etc. Se nos acerca una mujer con su hija hablando en español y preguntándonos un poquito acerca de nosotros.

A las 13:05 reunimos el valor suficiente para subir los culos al sillín y mover un poco las piernas sobre la bici, que de eso se trata. Hacemos el primer tramo de recorrido todos juntos; es de aproximadamnte 12 kilómetros y tardamos una hora. Paramos a comer en la iglesia de un pueblo que no sabemos si es en el que habíamos quedado con Juan, ya que el alemán no es nuestro fuerte (y la retentiva o la idea de apuntar el nombre en un papel, tampoco). Nos tiramos un rato comiendo y luego nos vamos a una especie de pastelería-cafetería. Allí nos tomamos unas infusiones bien ricas y bien cargadas; además puedes llevarte tu infusión a una vitrina y echarle el edulcorante que quieras, como azúcar blanca, morena, integral, sacarina, azúcar en piedra, terrones, chocolate rallado… Para cuando salimos ya está atardeciendo.

Reaunudamos la marcha y pronto se nos hace de noche; los días ya son realmente cortos, y al caer el sol la temperatura baja de forma brusca. Menos mal que hace un día espléndido y no pasamos frío ninguno (aunque alguno ya tiene la garganta un poco tomada de jornadas anteriores). Lo cierto es que se disfruta de la marcha nocturna: casi no hay nadie, la climatología es ideal, los paisajes de noche tienen un encanto especial…no nos lamentamos de nuestra situación. Vamos atravesando bosques y pueblos, y al pasar por uno de ellos oímos unas voces: es Juan que nos llama. Parece tener un sexto sentido para encontrarnos en lugares remotos. Hablamos con él y decidimos nuestros próximos movimientos. Como sólo tenemos alojamiento para 3, echamos a suertes quién va y quién no, y el plan en general.

Continuamos la etapa hasta la siguiente parada, Bersenbrück. Allí hemos vuelto a quedar con Juan en un castillo que dice él que se ve a la entrada. Una vez estamos en el lugar nos separamos y quedamos para mañana: en este caso, los 3 suertudos gozarán de casita, cena y cama mientras que los otros dos montarán la tienda de campaña en un parque del pueblo (los “parques” de por aquí son lo que en España denominamos “bosques”).

Esperemos que no nos llueva esta noche.


Gaanderer – Nordhorn (95 Km)

20 noviembre 2009

De nuevo un día espléndido, mejor si cabe que el de ayer.

Nos levantamos a las 7:45 y vamos preparando nuestras cosas y aseándonos. Luego bajamos a desayunar y viene la sorpresa: ¡Menudo desayuno nos han preparado! Huevos cocidos, jamón, salchichón, manteca de cacahuete, crema de cacao, mermelada, mantequilla, etc, etc, etc, y en medio de la mesa un plato enorme con bollos, tostadas y galletas. Después de ponernos las botas, terminamos de prepararlo todo, nos hacemos unas fotos con Rob y Lucy y partimos rumbo a Alemania.

Salimos con el día totalmente despejado y 10°, aunque según va pasando el día el termómetro del cuentakilómetros llega a marcar los 19°. Eso, sumado a los prados siempre verdes holandeses y los animales de todo tipo (hoy hemos visto hasta llamas) hacen del día una jornada completamente primaveral. Y mejor que sea así, ya que hoy toca hacer bastantes kilómetros. Nos va bastante bien en general a la hora de orientarnos; hay paneles informativos de direcciones exclusivos para bici que están genial, aunque algunas veces son un poco confusos e incluso te mandan a una carretera prohibida para ciclistas. En esos casos lo mejor es preguntar antes de perderse más, no vaya a ser que tegamos que deshacer el camino andado (o ciclado).

Al mediodía paramos a comer en una mesa con bancos en un parquecito muy mono. El único problema es que estamos frente a 4 montones enooooormes de estiércol en fermentación que sueltan cierto tufillo. Luego resulta no ser un problema, ya que el hambre y el cansancio nos impide ver u oler otra cosa que no sean nuestras propias viandas. Así que comemos tan agustito en tal situación, bajo la mirada atónita (por no decir de repulsión) de alguna que otra persona que pasa por allí.

 En unas 3 horas llegamos a Nordhorn, aunque tal y como se ha portado la climatología con nosotros, dado lo llano de la orografía y lo agradable que resulta circular por una carretera cruzándote y pasando a ciclistas, se nos hace un paseo. Una vez en el pueblo nos dirigimos al centro, que es donde solemos quedar siempre que nos separamos. Cuando estamos a punto de llamar a Héctor y Juan aparecen éstos pitando con el coche por la calle (sí, vamos transportando las culturas espanolas al extranjero). Hacemos un amago de entrar a una cafetería pero abandonamos la idea al ver que es una tienda de cafeteras, así que charlamos en la calle mientras Héctor monta su bici, la cual estaba guardada en el coche.

Hemos quedado de la siguiente manera: Manuel y Juan irán en bicicleta (sí, sí, Juan irá en bicicleta…no sabemos si también llegará en bicicleta) hasta una de las casas en donde nos hospedarán; Héctor irá en coche hasta esa misma casa y Mario y Belén irán a la segunda casa.

Mañana nos encontraremos en Lohne, un pueblo cercano, y continuaremos juntos desde allí hasta donde las piernas nos dejen, ya que no tenemos alojamiento previsto y estaremos en una zona bastante agreste y sin casas. Lo más probable es que montemos tienda o durmamos en una granja (o ambas a la vez).


Boxmeer – Gaanderen (71 Km)

19 noviembre 2009

A primera hora nos hemos reunido todos en el coche y hemos ido al centro cultural del pueblo a desayunar e intentar conseguir acceso a internet. El sitio está genial, con un bar bonito, bueno y barato, biblioteca, baños y otros servicios como clases de yoga. El ordenador de la biblioteca no lo podemos usar porque ésta está cerrada, pero un camarero nos deja usar su portátil y su conexión wifi, así que mientras desayunamos vamos mirando las posibilidades de la etapa, la cual adecuaremos a los alojamientos que encontremos. Al final optamos por marchar hasta el pueblo en el que teníamos alojamiento ayer y al cual mandamos un e-mail para avisar de que llegaríamos con retraso.

En la salida nos topamos con una pareja de “bicipolis” muy majos que se ofrecen a llevarnos hasta un ferry para cruzar un pequeño río y no tener que dar muchas vueltas. Vamos con ellos, nos hacemos unas fotos y tomamos el ferry, el cual nos cuesta 60 céntimos a cada uno.

Una vez en el otro lado circulamos por (como no) un carril bici para nosotros solos, atravesando campos y viendo ingentes cantidades de animales de todo tipo. Nos entretenemos un rato con los caballos, ya que tenemos tiempo de sobra: la etapa es de unos 50 kilómetros.

Al mediodía hacemos la parada de la comida en un pueblo de cuyo nombre no nos queremos (o más bien no podemos) acordar. Héctor y Juan se van en coche a ver alojamientos, Manu a comprar viandas y Mario  Belén se quedan vigilando las bicis. Comemos y al rato llegan Héctor y Juan con nuevas: han decidido que iran los dos en coche hasta el final de etapa de mañana para tener tiempo y trabajar con los ordenadores hasta que lleguen los demás al día siguiente por la noche. Así que ordenamos el equipaje del coche cual tetris y partimos todos, unos en bici y otros en coche.

Los que continuamos tenemos el placer y la suerte de disfrutar de, quizás, el mejor día en cuanto a climatología que hemos tenido en toda la ruta. Un sol piadoso que calienta lo justo para ir agustitos sin sudar; unas nubes preciosas que nos abrigan; un atardecer de ensueño…y un lugareño que nos acompaña un trecho con su bici de paseo holandesa.

En un rato estamos en Gaanderen, nuestro destino. Damos una vuelta por el centro y entramos en una tienda a preguntar por un teléfono público. No los hay en todo el pueblo, pero el dueño nos permite llamar desde su teléfono e incluso habla con nuestra hospedadora y nos guía de forma inequívoca. O tenemos mucha suerte o estos holandeses son muy hospitalarios. Lucy nos está esperando en la calle y nos saluda de forma efusiva. Hechas las presentaciones nos vamos a su casa; guardamos las bicis, vemos la casa (muy bonita, por cierto) y nos pegamos una ducha. Sólo una pega: Mario ha sido el primero en ducharse, ha hecho algo raro con la rosca de la ducha y nadie ha podido ducharse con agua caliente.

Provaremos suerte mañana por la mañana.


Valkenswaard – Boxmeer (71 Km)

18 noviembre 2009

Por una vez nos despertamos medianamente pronto, sobre las 8:00.

La casa en la que estamos, para ser okupa, tiene una cocina bastante bien surtida de alimentos. Entre lo que hay en la casa y lo que tenemos nosotros desayunamos bien y en cantidad. Y la cena de ayer tampoco estuvo nada mal: crepes de varios tipos y arroz con salsa a elegir. Al partir grabamos unas tomas saliendo de la casa okupa todos nosotros y dos de nuestros hospedadores en bicicleta.

Estaba previsto que la etapa de hoy sería dura, al menos en cuanto a kilómetros. No llueve ni hace frío, pero sí bastante viento. Por suerte sopla a favor y nos facilita rodar. Vamos siempre por carriles bicis, que los hay a patadas aquí en Holanda. Lo incomprensible es que todavía los haya adoquinados, con lo molestos que son. Otra cosa destacable es que casi no hay demilitación entre una población y la siguiente debido al número de casas unifamiliares que hay, lo que hace que las poblaciones crezcan mucho a lo ancho y casi nada a lo alto. De hecho, cuando vamos pedaleando, vemos siempre lo mismo: casas (¡y qué casas!), campos de cultivo, granjas y cercados para animales, todo ello mezclado entre sí y salpicado de vez en cuando por trozos de bosque nada despreciables. Aún así el paisaje es motivador, siempre lleno de caballos incluso en la misma puerta de las casas, ovejas, cabras, gamos (se llevan mucho aquí), aves de corral, ñandúes, vacas, cornejas, grajas, grajillas, rapaces, aves acuáticas, y un largo etcétera de animales, así como flora de todo tipo…¡Y ciclistas, muchos ciclistas! Lo frecuente es encontrarnos con alguno entre ciudades, y dentro de ellas ver a una ingente cantidad de ellos de todas las edades, sexos, religiones y colores yendo de aquí para allá.

Transcurridos los primeros 20 kilómetros hacemos una parada en un pueblo y aprovechamos para comprar provisiones. Después de eso no volvemos a parar hasta los 70 kilómetros: es decir, que nos hacemos 50 del tirón. No es lo más recomendable, menos aún cuando se trata de cicloturismo y tienes que seguir pedaleando mañana, pero teníamos el viento a favor, una temperatura agradable, sendas ciclistas y terreno llano. Así que llegamos a Boxmeer con la moral subida y el estómago vacío; sacamos las viandas y solucionamos el problema de inmediato. Después nos vamos a un café-bar cercano y nos reunimos con Juan, que se había ido a buscar un lugar con acceso a internet. Mientras tanto el tiempo ha ido empeorando y ha estado lloviendo a ratos. Con esta climatología nos queda muy poco tiempo de luz y pocas ganas de rodar.

Tenemos claro que no llegaremos al lugar en el que teníamos previsto pasar la noche, así que decidimos buscar alojamiento en un pueblo más cerca o en este mismo. Juan nos aconseja que vayamos a la biblioteca para conseguir acceso a internet. Una vez allí mandamos e-mails a posibles hospedadores cercanos y miramos otros tipos de alojamiento. Ya cuando nos vamos preguntamos a un chico por algún hostel en la zona y nos comenta que no conoce nada, pero quiere ayudarnos y empieza a hacer llamadas a amigos y familiares para conseguirnos algo. Al final dice que un hermano suyo puede alojarnos en su casa y vendrá en 5 minutos para conocernos. Cuando viene nos presentamos, nos hacen las típicas preguntas y empiezan las negociaciones: suelta, como el que no quiere la cosa, que tendremos que pagar “una pequeña cantidad de dinero” por “beneficiarnos de sus servicios”. Vamos, que quiere que le paguemos 15 € cada uno por dormir en el suelo. Decidimos ir al menos a verlo, y después de hacerlo unos optan por quedarse y otros no, así que nos hemos separado con la intención de reencontrarnos mañana por la mañana.


Geel – Valkenswaard (57 Km)

17 noviembre 2009

Un nuevo país se rinde al implacable avance de nuestras ruedas: ¡Holanda es nuestra!

Nos reunimos todos a las 10:30 en la casa más cercana a Eindhoven. Estamos un rato largo charlando con las personas que han acogido a parte de nuestra compañía y nos ponemos en marcha.

Ahora ya toda carretera tiene carril bici, así que es un placer rodar sin la molestia de los coches que, aunque son muy respetuosos para con nosotros, no dejan de incomodar en cierta medida. Los paisajes son estupendos, llenos de árboles de infinitas especies, animales de todo tipo conviviendo juntos, caballos y perros que se acercan sin miedo para curiosear, gente de todas las edades usando la bici en su vida cotidiana…Puro placer, un paseo en bicicleta para nosotros.

Y a mitad de ruta…¡Cruzamos la frontera! Bueno, si la hubiera, porque no hay ninguna señalización y no nos daríamos ni cuenta sin el mapa que compramos ayer. Aquí la gente usa la bici para todo. Se pueden ver las entradas a supermercados, panaderías, bollerías, transpote público, etc., llenas de bicicletas, con aparcamientos específicos para ellas. Los propios ciclistas te echan la bronca incluso cuando haces algo mal, como ir en dirección contraria o quedarte en medio de un paso. Se le da tanta importancia a la bicicleta que incluso hemos transitado carreteras con un carril bici para cada sentido y sólo uno para ambos sentidos para coches.

Hemos llegado a Valkenswaard sin muchas novedades y con tiempo de sobra, así que paramos en una cafetería para hacer tiempo. Después nos vamos a la casa en donde nos acogerán esta noche; debe ser algo especial, porque ponía algo así como que era un viejo teatro o algo similar…al final resulta ser un colegio abandonado, ocupado por un puñado de chicos. Por lo visto la ocupación en Holanda es legal una vez a transcurrido un año sin actividad en el inmueble. Para ser un colegio es pequeñito, pero como casa para nosotros es enorme, con salas dedicadas a actividades particulares, como una videoteca. El salón es el hall, con un montón de espacio y cosas interesantes, como una mesa de ping-pong y una barra de bar.

Nos despedimos de vosotros,  unos cocinando, otros jugando al ping-pong y otros montando en monopatín por la casa.


Bruselas – Geel (85 Km)

16 noviembre 2009

Toca despedirse de Bruselas.

Manuel y Héctor vienen a casa de Mario a las 8:40. Los demás tenemos las cosas ya recogidas, así que mientras ellos colocan sus alforjas los demás se entretienen bajando las bicis por la estrecha escalera de caracol, poniéndolas a punto (en este momento descubrimos que Belén tiene un casete de 9 piñones y una maneta de 8…esperemos no le ponga las cosas muy difíciles) y preparando todo en general. A Juan le guían dos chicas de la casa que se ha ofrecido a llevarle hasta el punto en el que hemos quedado con la corresponsal de Canal Nou en Bruselas; nosotros salimos más tarde con las bicis, después de habernos despedido de Mario y el resto de ocupantes de la casa, que se van a trabajar y que tan bien nos han tratado; dándonos alojamiento, comida, enseñándonos la ciudad, sus mercados, idiomas, recetas y, en resumidas cuentas, haciéndonos disfrutar de nuestra estancia en Bruselas.

Ya en el lugar de reunión nos encontramos con la corresponsal y con Juan, que nos esán esperando. Nos hacen unas preguntillas a todos y luego nos filman un poco. También nos filman los de Televisión Española; les ha llamado la misma corresponsal de Canal Nou, lo cual le agradecemos. También le hace unas cuantas preguntas a Héctor y después vamos a un edificio muy cercano, Residencial Palace, a entrevistarnos con Griselda, de cadena SER, y con la agecia de noticias EFE (sí, dicho así parecemos hasta importantes). Para cuando acabamos las entrevistas y las charlas nos dan las 12:00.

Por fin nos ponemos en marcha. La salida es muy fácil y tranquila, por carril bici y cruzando un parque más grande que muchos bosques españoles. A propósito de los carriles bicis: ¡Es la primera vez que hacemos una etapa íntegramente por carril bici! Ya se va notando que nos acercamos a Holanda.

La etapa transcurre tranquila, tanto en climatología como en tráfico, y disfrutamos de los verdes paisajes y del resto de ciclistas que comparten el carril con nosotros. Pero todo no es de color de rosa; en un cartel vemos que nos quedan 23 kilómetros para llegar a Geel; recorremos 13, vemos el siguiente cartel y quedan…¡19!Nos hemos desviado de la ruta original y hemos dado un rodeo sin darnos cuenta. Así que toca seguir pedaleando, algo desmotivados, cansados y en la oscuridad. Llegamos al rato a la entrada de Geel y allí nos separamos: dos se van a una casa y los otros dos a otra. En total hemos hecho unos 85 kilómetros en una etapa prevista para 50 ó 60.

Ahora estamos cansadetes, con ganas de cenar y descansar, así que mañana nos vemos, cotillas.


Ferriére la Petit – Bruselas (37 Km)

13 noviembre 2009

Un nuevo país en el que nos adentramos: Bélgica.

Hoy Manuel ha sido el primero en levantarse. Él se ha encargado de levantar a Mario a voces, y Mario se ha encargado de levantar a Héctor con un solo de batería.

PIC_0005Hemos ido a un bar a desayunar: café del bar y gofres de una tienda cercana. Cuando nos íbamos a ir ha sonado la alarma antirobos y nos ha cogido a todos por sorpresa; la camarera a pegado un brinco, nosotros casi somos noqueados por el ensordecedor ruido, y el dueño se ha acordado de todos los parientes ya difuntos de la alarma, por decirlo de forma fina.

Anoche Héctor, Manuel y André le dieron al drinking: primero unas cervezas en un bar, luego el vino de la cena, y los chupitos “digestivos” de después, culminando todo ello en un chupito de vodka de 95º. Y hoy se ha hecho notar: Héctor se quedaba atrás constantemente y Manuel, a pesar de ir en cabeza como siempre, sudaba a mares por todos los poros de la piel. También ha influido que hoy ha hecho un día estupendo: 16-17 grados, prácticamente despejado e incluso soleado a veces.

PIC_0020Lo cierto es que hemos ido lentotes casi toda la etapa; sólo cuando ya estaba próxima la hora de la comida hemos ido a la velocidad normal. Además, no teníamos muy clara la ruta a seguir y para más inri nadie nos sabía indicar una buena carretera para entrar a Bruselas en bicicleta, ni siquiera en las oficinas de turismo. Al final acabamos comiendo en la puerta de una de un pueblo belga, situada en la bonita plaza central. Como faltaban 40 minutos para abrir, esperamos comiendo pan con queso (de nuevo). Al acabar entramos y preguntamos con idéntico resultado: no saben indicarnos una ruta para entrar a Bruselas, pero nos da otra alternativa: existe una estación de tren en el mismo pueblo y hay trenes con parada en Bruselas cada 20 minutos. Decidimos tomar el siguiente tren y evitarnos problemas con el tráfico y las carreteras…aunque quizás suene a excusa algo manida ya.

PIC_0025En la estación nos cuesta entendernos un poco con el taquillero pero logramos sacar los pasajes para el tren, aunque después nos cobran un suplemento por llevar las bicis. Cuando subimos al tren nos damos la sorpresa: el conductor tiene raices españolas, de Andalucía concretamente. Después de subir las bicis y colocarlas como podemos en la misma cabina del conductor, nos acomodamos en el primer vagón que vemos. El conductor se sienta con nosotros y nos da conversación, contándonos un poco su vida, que estamos en primera clase pero que nos deja estar aquí, etc.

Llegamos a nuestro destino: Bruselas du Midi, la estación más cercana a la casa de un amigo de Juan, que nos alojará a unos cuantos durante nuestra estancia en Bruselas. En realidad tenemos dos alojamientos: una familia con la que contactamos por internet, que puede alojar hasta 3 personas durante 2 días y el amigo de Juan, que alojará a todos los que quieran durante el tiempo que quieran. Nos venimos directamente a este último sitio, así podemos decidir quién se va y quién se queda, ver la dirección de la familia por internet, y organizarse, básicamente. Manuel opta por ir con la familia y el resto se queda. La casa es grande: tiene varios pisos, con el salón y la cocina en uno, habitaciones en otro y cuartos de aseo y letrinas en el último.

Ahora estamos ayudando a Mario (que es el amigo de Juan) a preparar la cena: ni más ni menos que pollo con crema de cacahuete. No suena a gran cosa, pero viéndole cocinar uno cambia de opinión rápidamente. Daremos parte del resultado próximamente.


Saint Quentin – Ferriére la Petit (83 Km)

12 noviembre 2009

PIC_0002A eso de las 8:00 ha empezado a sonar el despertador del móvil de Juan; a las 8:10 ha sonado de nuevo; a las 8:20 otra vez; y a las 8:30; y a las 8:40…y así hasta que se ha querido despertar.

Antes de salir le hemos hecho un pequeña entrevista a Jim y él nos ha obsequiado un bizcocho casero de chocolate rico, rico. Entre lo que hemos tardado en despertarnos, levantarnos, desayunar, coger las cosas, ponero todo a punto y despedirnos de Jim y su esposa, se nos ha hecho un poco tarde y la etapa de hoy no es corta.

La etapa de hoy no es dura en cuanto a tráfico y climatología: rodamos por carreteras secundarias muy poco concurridas, por pequeños pueblos agropecuarios, pasando vacas, ovejas, tractores y campos de cultivo. Las únicas pegas en este sentido es que el firme de las carreteras no es el ideal y que nos vamos a pringar un poco del barro y paja que van dejando los tractores. En cuanto a la climatología tenemos un día perfecto: hace frío, pero menos que ayer, y el cielo está medio nublado, medio despejado, pero nunca amenazante de lluvia. Las paradas que hacemos tienen que ser cortitas para no quedarnos fríos, y aprovechamos para estirar y picar algo. Los paisajes de hoy son muy rurales, se parecen a los del norte de España, llenos de vida de todo tipo, pastos verdes y frondosos y muchas aves.

PIC_0021Sobre las 14:30 hacemos la parada de la comida en el ayuntamiento de un bonito pueblo. Habíamos quedado con Juan, pero todavía no ha llegado, y nosotros estamos muy hambrientos, así que pasamos de esperarle y comemos lo que tenemos a mano: pan con queso en este caso. El queso es algo que nunca falta en ningún pueblo de Francia, por muy puequeño y apartado que sea. Otras cosas que no faltan son la coiffure (peluquería), la boulangerie (bollería) y un bar llamado “Des sports”. Cuando terminamos de comer nos vamos a tomar un café a un bar y al rato aparece Juan. Hablamos con él sobre dónde nos vamos a hospedar cada uno, puesto que el hospedador de hoy sólo tiene espacio para 2. Al final Juan decide irse directamente a Bruselas, a casa de un amigo, para facilitar las cosas. Los otros 3 iremos a la casa a probar suerte, a ver si nos acepta a todos.

PIC_0011La ruta de la tarde es similar a la de la mañana, por carreteras secundarias, sin tráfico ni contratiempos. En un determinado momento a Héctor se le cruzan los cables y se pone a tirar a toda pastilla, y el resto le aguantamos el ritmo. Así, pronto llegamos a Ferriere la Petit, en donde pasaremos la noche. Falta buscar la calle, aunque preguntamos a un transeúnte y en seguida llegamos a su puerta. Ni siquiera nos da tiempo a quitarnos el casco y los guantes: nuestro hospedador estaba atento y abre la puerta en cuanto aparcamos las bicis. Sin piedad se avalanza sobre nosotros y se presenta. Se llama André y es un tío robusto, muy simpático, bromista y con una sonrisa cinceladad a perpetuidad en su rostro. Nos va a dejar pasar la noche a los tres, incluso cuando tiene otros 2 invitados. Tiene una casita con dos pisos y el de arriba es para nosotros; tiene dos sofás camas, un sofá normal y un montón de espacio. También tiene una batería y nos hace una demostración, aunque insiste en que está aprendiendo.

PIC_0030Ahora estamos todos en el salón todos juntos: Héctor, Mario, Manuel, André y los otros dos invitados, los cuales también están haciendo una ruta en bicicleta, aunque las suyas son de paseo y no pueden darle mucha caña. Dentro de poco cenaremos, aunque miedo nos da: André dice que es sólo un aperitivo, ya que tenemos una botella de vino y él sólo come con whisky. Ya veremos si no acabamos todos como cubas…


París – Saint Quentin (86 Km)

11 noviembre 2009

PIC_0004Hemos quedado todos a las 9:00 en la Torre Eiffel. A eso de las 9:40 llegamos, sin prisas; no,  la puntualidad no es lo nuestro, no.  Rodamos unas tomas y nos ponemos rumbo a La Gare du Nord, en donde tomaremos un tren para salir de París y evitarnos cualquier susto y/o disgusto con el tráfico. Por el camino pasamos por el Arco del Triunfo y…recordamos que es fiesta nacional. De hecho, está todo vallado y cortado al tráfico, con gendarmes, policías y militares por todas partes. Cuando nos hartamos de curiosear nos vamos a la estación, la cual todavía está lejos, a pesar de estar en la misma ciudad. 13 kilómetros más tarde llegamos a ella, no sin antes hacer un alto en el Moulin Rouge para hacer unas fotos.

Ya en la estación hojeamos los folletos de horarios de trenes en busca de uno que nos saque de la bulliciosa ciudad y además esté relativamente cerca de nuestro destino: Compiègne parece ser lo ideal, a unos 50 kilómetros de Saint PIC_0013Quentin. Nos vendrá bien una etapa cortita para ir adaptándonos al ritmo de la bici, después de 3 días de descanso sin tocarla. Una vez sabido nuestro destino miramos a qué hora tenemos el siguiente y compramos los billetes; tomaremos un tren a las 12:37. Mientras hacemos tiempo buscamos un lugar en donde aparcar las bicis y descansar. Lo hacemos frente a un bar y tomamos algo para matar más al aburrimiento que al hambre. Hacemos descubrimientos curiosos sobre la estación: las palomas campan a sus anchas por allí, aterrizando sobre las mesas de los bares y tirando vasos y sobras por el suelo; existen unos pilares con un núcleo formado por una resistencia al rojo vivo con el fin de irrradiar calor, alrededor de los cuales se arremolinan turistas, pasajeros e indigentes; si te estás meando a más no poder (el cual era nuestro caso) ya puedes tener 1 € a mano: es lo que cuesta hacer uso de los baños. Incluso en ellos hay tornos y una “dependienta” para atenderte. Si todavía te puedes aguantar 5 minutos puedes intentar llegar a la otra punta de la estación, en donde hay otros baños a mitad de precio: ¡Tan sólo 50 céntimos la meada! Por ese precio, ¿Quién puede resistirse?

Como ya hemos escarmentado en esto de subir al tren con bicicletas, nos dirigimos al nuestro en cuanto anuncian el andén del que saldrá y las metemos en el último vagón, como nos dijeron que hiciéramos al venir a París. ¡Meeeec! Pues no. El interventor nos dice que tenemos que meterlas en el cuarto vagón; no hay señalización ninguna para descubrir esto por ti mismo, pero sí que hay un compartimento muy majo para dejar las bicis. Eso sí, la entrada es igual de angosta que en el tren anterior, y no resulta fácil meter las bicis con las alforjas cargadas, pero ya vamos cogiendo práctica. En este caso el tren se divide en compartimentos, con 6 asientos en cada uno. Como va casi vacío elegimos el más cercano a las bicis para tenerlas vigiladas.  El viaje es rápido y cómodo, y en 40 minutos llegamos a Compiègne, nuestro destino.

PIC_00146 grados y medio y un poquito de viento: el invierno del norte ya empieza a hacerse notar. Ropa de abrigo, cortavientos encima y a rodar. Empezamos tranquilotes, sin prisa, pasando frío sobre todo en manos y pies. Cuando ya le empezamos a dar vida a los pedales vamos estabilizando la temperatura de nuestro cuerpo y alguno se empieza a cocer en su salsa bajo múltiples capas de forros polares. Hacemos un alto en el camino en un pueblo que está celebrando las fiestas con competiciones de carrera de resistencia. Tomamos algo en un bar mientras vemos a niños y mayores correr en mayas cortas con esta temperatura y después nos vamos. Antes de salir del pueblo preguntamos a uno de los hombres que controla la carrera por Saint Quentin: nos da la dirección a seguir y la distancia que nos queda. ¡60 kilómetros! Eso es más de lo que se suponía íbamos a hacer en toda la etapa, y creíamos estar a la mitad. Ya no vamos a pasar frío: arreamos de nuevo a velocidades de vértigo para llegar antes de que anochezca. Al rato tenemos un pequeño golpe de suerte y vemos la distancia hasta Saint Quentin en un panel informativo: son 42 kilómetros. Siguen siendo bastantes para ser tan tarde, pero al menos nos quitamos 20 kilómetros.

PIC_0027Llegamos a Saint Quentin ya de noche (anochece muy pronto en estas fechas y en estas latitudes), miramos un plano en la entrada y nos vamos a buscar la calle de nuestro hospedador. No tardamos mucho, y de paso vemos el ayuntamiento y varias maravillas arquitectónicas más. Conocemos a Jimm, nos enseña sus bicicletas remodeladas por él mismo, sus portabultos artesanales y nos conduce a la habitación. Tiene una cama, suelo enmoquetado, ducha, cocina y baño, todo en uno. Está bien pensado…para una persona. No sabemos lo agradable que puede resultar hacer uso del WC con tres personas más en la habitación y separados por una estantería de madera. Ya veremos cómo nos apañamos con ello.


París: 3 días de…¿descanso?

10 noviembre 2009

Por: Manuel Sabaté

PIC_0064Ya íbamos necesitando unos días de descanso. En bicicleta siempre hay que anticipar; cuando sientes sed ya es  tarde, tendrías que haber bebido antes. Y así con todo: hambre, frío y, por supuesto,  cansancio. Empezaban a asomar síntomas: empezaban a doler las rodillas,  los gemelos, el cuello,  y en ese maldito cuadrado lumbar aparecían también los primeros dolores y no se rodaba con tanta frescura.

Si además esos días de descanso son en París no puedes evitar que un sentimiento de ansiedad por llegar te vaya embargando poco a poco. En mi caso ese sentimiento terminó manifestándose en una casi permanente sonrisa y sensación de euforia durante estos días. Es otra ciudad más del camino, pero qué bien suena decirte que has rodado en bicicleta de Valencia a París. Y si eso te lo dices delante del Louvre o embelesado ante la catedral de Notre Dame, suena fantástico.

Además hemos tenido la suerte de ser acogidos por Antoine, un amigo de Juan (otro más de los infinitos amigos que tiene repartidos por el mundo), en un apartamento a los pies de la torre Eiffel, desayunando con ella como vista de fondo. Y no contento con acogernos, fiesta a casa de amigos y despedida con una maravillosa cena típica de su ciudad, ejecutada por un amigo cocinero. ¿Quien da más?

PIC_0106Ya había estado otras veces en París, pero la he descubierto desde otro punto de vista, más viajero que turístico, pudiendo dilogar con parisinos y conociendo más de cerca los entresijos de la vida en París. Esto no ha evitado que haya dedicado tiempo a visitar aquellos lugares de esta ciudad que me siguen teniendo enamorado: escuchar un concierto de órgano en la catedral de Notre Dame, callejear el domingo por el centro oyendo a una pequeña orquesta, un saxofonista, un grupo de rock, una visita a los impresionistas… y seguir callejeando hasta el anochecer. ¡Qué placer! Esta ciudad rebosa la energía de los cientos de genios a los que ha atraído.

PIC_0050Y al volver a casa, a trabajar: blog, vídeos, correos, planificar etapas, encontrar alojamiento, el tiempo… ¿Alguien ha mirado el tiempo que va a hacer? Y Belén:  ¿Dónde esa moza que se venía con nosotros? Espera que estoy viendo el partido del Ros. Déjalo y baja a comprar pan que cierran. ¡Ah! La ropa lleva en la lavandería desde el mediodía…y todo en los escasos 12 metros que tiene un típico apartamento en París.

Así que descansar, descansar, sólo hemos descansado de pedalear. Y mañana nos enfrentamos con una nueva despedida.


Orleans – París (50 Km)

7 noviembre 2009

PIC_0003 recorttadaDe nuevo Juan ha dormido en el suelo, de nuevo el desayuno era a base de confituras y mermeladas caseras, y de nuevo nuestro hospedador nos ha acompañado un tramo en la salida. Eso sí, Emmanuel ha sido el primero que lo ha hecho en bicicleta, que quieras que no te sube un poquito la moral y el ánimo; no es lo mismo seguir en bicicleta a un coche que ir varios ciclistas a un mismo punto. Da más sensación de grupo ésto último.

El tiempo que hemos pasado sobre la bicicleta antes de llegar a París ha sido física y psicológicamente pésimo: salimos de Orleans por la nacional 20, con bastante tráfico y viento de lado (además del ya omnipresente frío). Los automovilistas siguen siendo bastante transigentes para con nosotros respetando las distancias en su gran mayoría, pero es una carretera en donde los coches y los (numerosos) camiones pasan rápido, generando corientes de aire…y eso es peligroso. Los camiones que vienen de frente nos echan para atrás al pasar, y los camiones que vienen por nuestro carril, nos echan bruscamente hacia delante y hacia fuera de la carretera, con el peligro que ello conlleva. Físicamente es agotador tener que pedalear contra el viento y guardar el equilibrio con corrientes de aire tan cambiantes; psicológicamente es también agotador tener que estar atento a tu camino (encima no había arcenes), al viento, a los camiones que vienen de frente y a los que vienen de espaldas. Cerca de Toury, un pueblo a medio camino entre Orleans y Étampes, ese agotamiento se hace notar y al pasar dos camiones seguidos cerca de nosotros a bastante velocidad sacan a Manuel y Hector de la carretera; Manuel consigue maniobrar y seguir rodando fuera de la carretera, por la cuneta, pero Héctor lleva mucho peso en las alforjas y se desequilibra con mayor facilidad. Se queda a medio camino entre la cuneta y el asfalto y gopea con la rueda trasera de lado varias veces contra el reborde de la carretera, pero consigue no caerse y echarse a un lado. A partir de entonces el desánimo aumenta, y la rueda de Héctor baila y chirría como una loca, así que hacemos un alto en Toury para despejarnos un poco. En un parque desierto con muchos tejos en fruto nos metemos a comer un bocadillo de aguacate con jamón que nos sabe a gloria. Aprovechamos también para echarle un vistazo a la rueda problemática: tiene algún golpe en la yanta, los radios están sueltos, está muy descentrada y roza con las dos zapatas de freno. Al menos llevamos llave de radios y podemos corregirla lo suficiente como para que no roce, además de apretarle los radios sueltos. Después de eso nos vamos a un bar cercano a tomarnos el café. Allí nos preguntan lo típico: de dónde venimos, a dónde vamos, por qué, etc, etc, etc. Los parroquianos nos informan de que existe línea de tren hasta París, y de que hay una estación a 200 metros. No lo tenemos que pensar mucho: hemos hecho una pequeña parte del recorrido, en teoría la parte fácil, y ahora nos tocaría entrar en carreteras aún más transitadas y peligrosas. Nos vamos a la estación. No nos agrada la idea de tener que hacer la entrada a París en tren, pero nos agrada aún menos morir atropellados en una carretera en mitad de Francia. Compramos nuestros billetes para el próximo tren a París, que llegará dentro de 3 horas, así que nos vamos a un bar en frente de la estación a hacer tiempo. Y como tenemos mucho, lo dedicamos a darle un repaso a la bici de Hector: afinar el centrado de la rueda, los frenos, los cambios…un poco de todo. Un cliente del bar nos oye hablar en español y se nos acerca: resulta que PIC_0012tiene familia en un pueblo cerca de Valencia y sabe hablar algo de español, aunque lo tiene un poco oxidado debido a que hace mucho tiempo que no va por allí. Nos hacemos unas fotos con él, el dueño del bar (que tenía pinta de apuntarse a un bombardeo) y su hija pequeña.

Tomamos el tren, no sin dificultades. Es un tren antiguo, con entradas muy angostas para las personas: más aún para las bicicletas. Intentamos meter las bicis deprisa y corriendo, cada uno en un vagón, temiendo que los trenes franceses sean como los españoles: ¡tonto el último! Pero qué va: sale un interventor a indicarnos que metamos las bicis en el último vagón, al cual vamos corriendo. Nos dice que no hace falta que corramos, pero ni le oímos. Tras el susto inicial, los nervios, los golpes que nos damos nosotros mismos al querer entrar a la vez y la mirada atónita de los pasajeros, logramos DSCN1126meter las 3 bicis en un compartimento muy reducido y podemos sentarnos al fin. Tenemos la suerte de que el tren va directo a París, sin paradas intermedias, y en media hora llegamos.

Ya en Austerlitz, la estación de París, bajamos las bicis sin tanta premura y buscamos a Edna, la amiga de Héctor que le alojará durante nuestra estancia en París. Hechas las presentaciones de rigor, nos vamos a la calle y ella alquila una de las muchiiiiiiiiiiiisimas bicis que hay en París destinadas a tal fin. Además, son buenas bicis, con cambio interno, dinamo, luces automáticas…Edna hace de guía y recorremos parte de los edificios más emblemáticos de París, como el Louvre, el obelisco de Luxor y, como no, la torre Eiffel, la cual está de aniversario y la podemos observar con juegos de luces y música. Luego de hacernos unas fotos en la archiconocida torre, nos separamos: Edna y Héctor por un lado, Mario y Manuel por el otro.

Pasaremos unos días en París, descansando y viendo la ciudad, poniendo a punto las bicis, aprovisionándonos y, si es posible, conociendo a la futura nueva miembro de nuestro grupo.

Os seguiremos informando.


Les Montils – Orleans (85 Km)

6 noviembre 2009

PIC_0003Una noche estupenda entre colchones y edredones nórdicos…al menos para Héctor, Mario y Manuel, porque a Juan le tocó dormir en el suelo. Reino ya está levantado y preparando el petit-déjeuner, mientras a nosotros, malditos remolones, se nos pegan las sábanas. El desayuno es, como todos los ingeridos hasta ahora, muy sano y ecológico: confituras caseras, pan artesanal, quinoa horneada, miel, plátanos…una maravilla, vamos. Aprovechamos que hace buen tiempo esta mañana (si no tenemos en cuenta el frío) para rodar unas tomas de la casa de Reino, ya que tiene cosas interesantes, como un sistema de calefacción por geotermia. Después nos acompaña hasta un camino de tierra que va por medio de un gran bosque, y el cual no habríamos encontrado nunca sin su ayuda.

PIC_0042 recortadaCasi toda la mañana rodamos en el bosque, sin cruzarnos con nadie más que un par de corredores y un corzo despistado. Entre la belleza del paisaje, el cielo azul, la tranquilidad y el frío, nos quedamos un poco aplatanados y no hacemos muchos kilómetros en la primera parte de la ruta, que termina al llegar al Château de Chambord. Allí nos encontramos con Juan, aunque habíamos quedado con él unos pueblos y una hora más adelante, pero aprovechamos la coincidencia para comer todos juntos en la parte trasera del castillo. Mientras lo hacemos, unos policías cortan la carretera por la que teníamos previsto salir, porque por lo visto están haciendo pruebas militares. Pero no hay mal que por bien no venga: aprovechamos para ver la fachada del castillo y nos vamos.

A partir de entonces dejan de haber bosques como los de esta mañana y ya no hay aliciente para ir más tranquilos: cogemos la velocidad habitual y pronto dejamos de sentir frío en el cuerpo.

Entramos a Orleans un par de horas más tarde. Es un poco complicado ir en bici en esta ciudad: muchos coches, autobuses y direcciones. Al menos hay tramos con carril bici y la gente de aquí es más transigente de lo que estamos acostumbrados. Tardamos un rato en descubrir la calle de nuestro hospedador. Preguntamos a un par de mujeres por la calle y nos dicen que no tienen ni idea. Metros más adelante vemos el letrero: estamos en la calle que buscamos.

Una vez en casa conocemos a Emmanuel y Maria Véronique, nuestros anfitriones. ¡Por fín una pareja de franceses que no entienden ni papa de español! Así que hoy toca comunicarse en inglés. Nos han preparado una cena rica y copiosa y de postre nos han sacado una tarta de manzana casera buenísima.

Por lo que parece, hoy hay más cansancio. A ver mañana qué tal nos levantamos.


Saint Épain – Les Montils (94 Km)

5 noviembre 2009

PIC_0001Esta noche tocó rifarse el sofá-cama: dos de nosotros disfrutaríamos de su mullido colchón y los otros dos probarían el duro y frío suelo.

Ya nos vamos despertando antes, y también el tiempo que pasa entre que nos despertamos y nos levantamos es menor día a día. Tomamos el petit-déjeuner. Exquisito como siempre: no sé si será costumbre o casualidad, pero casi todos nuestros hospedadores fabrican mermeladas y confituras. La de hoy era de higo, muy rica. Después lo de siempre: recoger, ordenar y montar las alforjas en las bicis. Julie nos regala un tarro de confitura y nos despide efusivamente desde su balcón.

El día está más fresquito que ayer, así que nos abrigamos un poquito má, además de prepararnos nosotros y a nuestras cosas para las posibles lluvias (lamentablemente, ya es una rutina más). Una gran bandada de grajas nos despide de Saint Épain a base de graznidos; durante todo el día seguiremos viendo grajas comiendo en los campos y cultivos.

Hoy hemos quedado con Juan directamente en el pueblo fin de etapa en donde dormiremos, así que podemos rodar con total libertdad, comiendo cuando nos apetezca y pudiendo darnos más caña a la hora de pedalear para eludir los bancos de nimboestratos que nos andan buscando para ponernos a remojo. La primera oleada llega en el Château de Chenonceaux, en donde paramos al mediodía a comer, aunque no pudimos ni verlo por fuera porque hay que pagar para entrar. Allí esperamos a que pase la nube, aunque nos pasamos esperando y para cuando salimos nos pilla una segunda oleada que nos moja un poco, aunque sin saña por su parte.

PIC_0006La segunda oleada llega en un pueblo a 14 kilómetros de nuestro destino. Aunque tampoco llueve mucho, buscamos refugio bajo el techado de un taller, ya que tenemos tiempo. De nuevo se nos va la mano esperando y en cuanto salimos y nos alejamos lo suficiente como para no considerar como opción el regreso a la seguridad del taller, se pone a llover con fuerza y de golpe. Aún así somos lo suficientemente afortunados como para ir a parar justo a un bar con toldos, bajo los cuales dejamos nuestras bicicletas y nosotros nos cobijamos dentro, que está sequito y calentito. Allí pasamos un rato, tomando algo y contando historias.

Cuando escampa salimos para hacer nuestro último trayecto en bici de hoy.  Nos vuelve a pillar la lluvia, pero al menos no es tan intensa como antes, y llegamos a nuestro destino ya prácticamente secos. En Les Montils toca preguntar a la gente para encontrar la calle, una calle que nadie conoce, por cierto. Al final un camarero nos dibuja un mapa y llegamos. Allí ya está Juan hablando con Reino, nuestro hospedador de hoy, al cual conocimos gracias a la página:

www.couchsurfing.com

Tiene una casa preciosa, una antigua cuadra reformada por él mismo con materiales naturales. También conocemos a Virginie, su esposa, y su historia: él es finlandés y ella francesa, y se conocieron en la lavandería de un camping. Aquello fue un “coup de foudre” (un “golpe de rayo”, el equivalente al flechazo ibérico). Ahora viven aquí con una gatita negra preciosa, aunque un poco miedosa.


Poitiers – Saint Épain (78 Km)

4 noviembre 2009

PIC_0009 recortadaAún estamos secos, a pesar de que el pronóstico del tiempo nos tenia acongojados.

Pasamos el día de ayer descansando, al menos en lo que a ciclismo se refiere, porque había (y hay) mucho trabajo por hacer. Algunos fueron a ver la ciudad y otros se quedaron a sacar trabajo adelante. Por la noche , Juan nos deleitó con unos espaguetis a la carbonara que estaban para chuparse los dedos, y Héctor preparó un par de tortillas de patata que no se quedaban atrás. Durante todo el día y parte de la noche estuvo lloviendo a mares, pero según se acercaba el alba se iba despejando y al amanecer ya teníamos un cielo azul para nosotros.

Tras despedirnos de Dominique y Danielle, hacernos las fotos de rigor y sacudirnos los pelos de gato de la ropa, nos PIC_0053ponemos a pedalear rumbo a Saint Épain. Ni lluvia, ni viento, ni frio, ni tráfico: una etapa de lujo. En poco tiempo llegamos a Riechileu, en donde comemos en la plaza del pueblo, que es bien bonita y casi no hay gente. Mientras nos tomamos en café se nubla un poco y nos tememos que empeore y nos llueva, pero de nuevo nos libramos. Además, disfrtamos de ua carretera preciosa que atraviesa un bosque, sube a unas colinas y nos deja disfrutar de una panorámica estupenda, viendo ya el pueblo que será el fin de etapa: Sain Épain.

PIC_0072Una vez en el pueblo nos toca jugar a resolver el misterio: Juliet, nuestra anfitriona, nos envió un escrito sobre cómo llegar a su casa. La última “prueba” era encontrar y subir una escalera de caracol muy curiosa. Una vez dentro de la casa conocemos a Juliet, Verónica, Jeff y Tatiana. Parezca que siguamos en España: todos hablan español y todos menos Tatiana han vivido en España. Cenamos una interesante ensalada con lentejas germinadas y después arroz y pescado. Tras la cena, los vinos, las infusiones, los pasteles y las confituras, Jeff, Tatiana y Verónica se despiden y se marchan.

Ahora estamos trabajando de nuevo con los ordenadores y pensando en dormir, que todavía nos quedan etapas duras por delante.


Matha – Poitiers (110 Km)

2 noviembre 2009

PIC_0103La noche en esta casa ha sido estupenda, dan ganas de quedarse varias horas más en la cama. Al menos el saber que abajo hay un buen petit-déjeurne esperando ayuda a abandonar la cama sin reticencias. Tras el desayuno, la rutina: guardarlo todo en su sitio, vestirnos, comprobar que no nos dejamos nada, y montar las alforjas en la bici.

PIC_0105Pasamos parte de la mañana con Louise y Richard; ella nos enseña su jardín, con multitud de árboles frutales (ella hace mermelada y confitura de todo lo que cultiva), especies aromáticas y ornamentales que serían impensables tener en casi cualquier parte de nuestro país de origen; él nos enseña mapas y caminos para entrar en París en bicicleta evitando las peores zonas de tráfico denso y polígonos industriales.

Partimos preparados para la lluvia pero con buen tiempo: la visión del cielo azul casi límpido nos anima, pero no tardan en aparecer en el horizonte negros nubarrones. Por suerte para nosotros sólo es una nube pasajera y pasa de largo sin más daños que habernos calado un poco.

PIC_0123A media mañana hacemos un alto en el camino en un pueblecito con una preciosa iglesia circundada de un cementerio de película, todo de piedra recubierta de musgo. Comemos algo, planeamos nuestros próximos movimientos y culo al sillín.

 

Hasta que llegamos al pueblo en el que vamos a comer, la climatología es benigna, luciendo en sol casi siempre e incluso haciendo un poco de calor (teniendo en cuenta que íbamos abrigados para la lluvia).  Comemos al solecito en la plaza de un pueblo y seguimos nuetra ruta. Ya en las afueras se empieza a nublar y aparecen grandes nubes negras, y esta vez no parecen pasajeras. Intentamos decidir si quedarnos a resguardo a ver si tenemos suerte y pasa, al menos lo más fuerte, o bien si tirar para adelante a buen ritmo intentando dejar el grueso de nubes atrás. Al final hacemos lo peor: salimos del pueblo, vacilamos demasiado y nos pilla el granizo, la lluvia y el viento en medio de la carretera. Y para colmo es una nacional por la que pasan muchos camiones a toda leche, levantando una nube de agua y viento que nos cala hasta los huesos y nos desequilibra. Aún así seguimos siendo afortunados y la lluvia torrencial se acaba pronto, dando paso a una fina lluvia que ya podemos tolerar mejor. Y mejor aún: progresivamente va remitiendo y a la hora ya deja de llover.

PIC_0147Continuamos nuestra jornada casi del tiron, haciendo una parada corta cada 20-25 kilómetros en la que estiramos un poco, comemos unos frutos secos y seguimos. A este ritmo pronto estamos en Poitiers, aunque aún queda lo más difícil: tenemos la dirección de nuestros hospedadores, pero ni idea de dónde se encuentra la calle. Luego resulta ser mucho más fácil de lo que pensábamos preguntar a la gente, y pocos minutos (y una cuesta dura, larga y angosta) después, estamos hablando con Dominique, el hombre del matrimonio que nos hospedará esta noche. Mientras esperamos a su mujer, Danielle, que se ha ido a buscar a nuestro cámara perdido, nos sirve un delicioso y aromático té de naranja: ¡Qué cosa más rica!

Ahora ya nos encontramos todos juntos (Danielle, Dominique, Juan, Mario, Héctor, Manuel y 5 gatos), tenemos nuestros dormitorios preparados, hemos cenado (hoy ha sido todo vegetariano, pero rico, rico), nos hemos duchado, y estamos trabajando unos y charlando otros.

Como no, esta pareja de franceses tambien son la mar de simpáticos.


San Savin – Matha (91 Km)

1 noviembre 2009

PIC_0077Estrenamos noviembre con lluvias, aunque no nos podemos quejar. Se suponía que nos iba a llover durante la noche y estaría todo el día lloviendo intermitentemente, pero sólo nos cayeron cuatro gotas mientras dormíamos; tan poca cosa que cuando nos levantamos (y eso fue a las 7:30) las tiendas ya estaban secas, a excepción de la humedad de nuestra transpiración. No hacía ni frío si quiera, así que hemos podido tomar algo mientras recogíamos sin prisas. Nos hemos puesto en marcha a eso de las 8:00, dirección Cognac. Debíamos hacer el mayor número de kilómetros posibles, ya que tenemos que hacer 200 en 2 días. El ritmo ha sido bueno, hemos rodado casi siempre por encima de los 20 Km/h y nos encontrábamos con bastantes fuerzas. El tiempo también nos ha acompañado durante la mayor parte del día, estando nublado el cielo pero con temperaturas agradables; un poco de fresco, pero eso nos viene bien cuando vamos a rodaPIC_0072r rápido, ya que nos ayuda a no sobrecalentarnos. Los paisajes ya vuelven a ser más dinámicos y la carretera deja de ser totalmente plana y nos deleita con algunas subidas y bajadas, amenizando bastante la jornada. La fauna es variada y multitudinaria: cuervos, cornejas, águilas volando por encima de nuestras cabezas, enormes bandadas de estorninos, erizos, gallos y gallinas, caballos, roedores de gran tamaño, conejos…la lástima es que a muchos de ellos los vemos atropellados, sobre todo a los erizos. A las 12:00 hacemos una parada para comer algo en la iglesia de un pueblo y continuamos el viaje. A las 13:40 ya llevamos 70 kilómetros y estamos muy animados. Debería habernos llovido durante todo el día y no nos a caído ni gota. Como estamos en Cognac y nos van bien las cosas nos entretenemos haciendo coñas con el nombre de la ciudad, y vamos a preguntar sobre el siguiente pueblo al que hemos de llegar. Cuando terminamos empiezan a caer gotillas, así que nos quedamos bajo unos toldos esperando que sea una lluvia pasajera. Nada más lejos. Cada vez se anima más y pronto tenemos un diluvio allí montado. Al final tenemos que salir con lluvia sí PIC_0089 Recortadao sí; aún nos queda camino por delante y puede estar lloviendo todo el día. Nos preparamos para rodar bajo la lluvia(impermeables y algunos periódicos arrugados debajo para abrigar al principio y absorber el agua después) y salimos. La sensación física y psicológica de pasar de rodar seco y con temperatura agradable a rodar mojándote y con la temperatura bajando es horrible, sobre todo al principio. Luego te acostumbras y no es tan malo…hasta que paras. Si no te abrigas entonces, mala cosa. Llegamos a Matha, el pueblo en el que habíamos quedado con Juan, y damos unas vueltas en su búsqueda. Ni rastro de él. Lo peor es que habíamos quedado con él en la iglesia del pueblo, puesto que todos los pueblos anteriores que habíamos visitado tenían una iglesia con una gran torre que destaca desde lejos. Pues resulta que éste pueblo, pese a ser más grande que muchos otros, no tiene una iglesia así. Al final optamos por llamarle (en Francia las llamadas cuestan un ojo de la cara tanto para el que llama como para el que recibe la llamada) y resulta que está en un pueblo cercano viendo posibles alojamientos. PIC_0092No tenemos ninguno de momento, y estamos empapados esperando bajo un toldo, cada vez con más frío. A partir de entonces se convierte en una prioridad conseguir algún tipo de alojamiento para esta noche y nos dedicamos por completo a buscarlo. Después de estar horas mirando campings, cobertizos, techumbres, hostales, etc., descubrimos que no hay nada en todo el pueblo. Por suerte nuestras tristes estampas ablandan el corazón de los parroquianos de un bar y se ponen manos a la obra: sacan dos listines telefónicos y empiezan a hacer llamadas. Uno de ellos nos acompaña a especie de hostal, pero está cerrrado. Nos recomienda que lo visitemos más tarde, y eso hacemos. Sigue cerrado, pero hablamos con un señor de una casa adyacente y al final decide alquilarnos una habitación a los cuatro para esta noche. No se podría esperar nada mejor: una mesa repleta de cosas ricas, una chimenea para secarnos nosotros y nuestras cosas, una pareja de franceses super atentos que velan por nosotros, una casa al estilo antiguo de lujo…En cuestión de minutos hemos pasado de pensar en dormir los 4 empapados dentro del coche, a PIC_0093estar con la tripa llena, duchados y con camita, resguardados de la lluvia que sigue cayendo. Es una pena que no podamos entendernos más y mejor con la pareja (Louise y Richard), pues son personas muy interesantes con mucho que contar, pero dado nuestro nivel de francés tampoco nos va mal.

Ahora toca probar esas camas de estilo antiguo que tan buena pinta tienen.


Bordeaux – Saint Savin (57 Km)

31 octubre 2009

PIC_0007 recortadoNos despertamos temprano y trabajamos un poco hasta que se levanta Céline, la cual baja a comprar croissants y napolitanas para el desayuno. Después de un petit-déjeuner de lujo, recogemos nuestros pertrechos y nos ponemos a punto. Entre tanto, Céline hace unas llamadas y nos consigue una entrevista con el periódico de la ciudad en veinte minutos. Las preguntas las hacen Fabrice y Céline, nosotros las contestamos y ellos traducen las respuestas. En la calle nos encontramos con el fotógrafo, un tío muy majo que viene (como no) en bicicleta. Nos hacemos unas fotos posando en unas escaleras con la familia cicloturista y después nos vamos con ella a la oficina de turismo y a ver un poco la ciudad. A las 13:00 porPIC_0045 fin nos ponemos en marcha, aunque de mala gana, ya que el trato recibido por la familia cicloturista ha sido estupendo.

Ya habíamos estudiado la ruta  el día anterior y  nos temíamos 15 kilómetros de callejeo y parones para salir de la ciudad, aunque luego resultó ser más fácil de lo previsto. Lo malo es que teníamos que cruzar un puente (el único en muchos kilómetros a la redonda) sobre el río Dordogne, pero la falta de mapas hace que tomemos mal una rotonda y nos vayamos 6 kilómetros en dirección errónea. Al menos nos damos cuenta a tiempo y rectificamos el rumbo, aunque con cierto bajón psicológico. A partir de entonces las cosas no nos salen del todo bien: confusiones, búsqueda de itinerarios, preguntas y, para colmo, resulta que teníamos mal el nombre del pueblo en el que íbamos a comer con Juan (nuestro cámara). Para cuando PIC_0059solventamos todos los problemas y llegamos a Saint Savin ya es demasiado tarde. Decidimos buscar un lugar a las afueras en donde montar las tiendas y descansar. Ahora nos encontramos en una pineda, ya bien cenados y de tertulia, aunque nos iremos a dormir dentro de poco.


Mimizan – Bordeaux (90 Km)

30 octubre 2009

IMGP0090Nos despiertan a eso de las 8:00 el repiqueteo de gotas sobre la tienda. No llueve, pero hay mucha niebla que se condensa en los árboles y cae sobre nuestras cabezas, así que desmantelamos el chiringuito antes de que se moje más. En esta ocasión no nos entretenemos mucho y partimos sin demora sin nada en el estómago;no apetece desayunar con este tiempo, ya encontraremos un lugar calentito y seco más adelante.

IMGP0105La pista ciclable tiene un aspecto más bien lúgubre esta mañana, con la densa niebla impidiéndonos ver más allá de unas decenas de metros en cualquier dirección. Pasamos varios pueblos en los que apenas se detecta movimiento, y al fin topamos con un bar abierto. Pedimos dos “petit-déjeurne”; desayunamos los tres y guardamos las piezas de fruta para después.

La mañana se hace un poco larga, con tanta llanura monótona, paisajes desoladIMGP0111ores de pinos caidos, tierra gris, niebla densa, frío, y un sol mortecino que ni alumbra ni calienta. Por suerte, tal y como nos auguró el camarero del bar, a mediodía el sol ya aprieta de lo lindo y nos sobra ropa por todas partes. Tomamos algo en un bar y encontramos un bonito rincón a la sombra donde comer y reponer fuerzas, además de una praderita arbolada en donde nos echamos una siestaca del quince. Vuelta a la bici, rodando despacito para que el cuerpo lo vaya asimilando, y poco a poco vamos aumentando el ritmo, tanto que nos adelanta un ciclista de carretera y nos ponemos a rueda suya, cogiéndole el rebufo hasta que tira para otra dirección, pero ya se nos ha quedado el ritmo en el cuerpo y entramos a Bordeaux a 30 Km/h rodando en llano.

Una vez dentro de la ciudad bajamos el ritmo de motu propio y también por los semáforos, que no nos permiten coger velocidad. Pero mejor así, porque Bordeaux es una ciudad para ver sin prisas y PIC_0020disfrutar de su caótica circulación de vehículos: coches, tranvías, bicicletas, monopatines, y otros artilugios rodados desconocidos, todos ellos rodando en todos los sentidos (incluido el contrario), sin excesiva señalización pero con armonía. Después de dar unas vueltas a la ciudad, acabamos frente al Hotel du Ville y ahi quedamos con nuestro contacto aquí, Fabris, quién nos guía en bici hasta su casa en el centro de la ciudad. En ella conocemos al resto de la familia de cicloturistas que nos alojarán esta noche: la madre, Céline; la hija pequeña, Amielle; y la hija mayor, un trasto llamado Titouane.

Para el que quiera conocer un poco más a esta familia, aquí tiene su web:

La familia cicloturista

Para el que quiera conocer la página en donde los conocimos:

http://www.warmshowers.org/

Nosotros ya hemos recibido nuestra merecida ración de pasta y nos vamos a dormir, que ya es hora.


Benesse – Mimizan (91 Km)

29 octubre 2009

IMGP0061La noche ha sido estupenda. Hemos dormido dos en un sofá cama y los otros dos en una cama de matrimonio (pero guardando las distancias, ¿eh?). No sé qué tal habran dormido los del sofá, pero en la cama se dormía de lujo. Después de un buen desayuno francés (lo que hemos saqueado de la cocina de nuestro anfitrión mientras él iba camino al trabajo) y una hora laaaaarga de hacerse el remolón, hemos salido casi a las 11:00 dirección Mimizan. Rodamos por la zona más plana de Francia, las Landas. El paisaje es bonito, con bosques por todas partes, así como casas aisladas con su jardín y sus árboles de verdad y no esas estacas mal enterradas de España. YIMGP0075a nos avisó Cristobal de que el año pasado hubo una tempestad que arrasó con gran parte del arbolado, y no mentía. Cientos de pinos caídos y posteriormente talados jalonan la carretera:desde luego tuvo que ser fuerte el vendaval.

Comemos algo de embutido en unos bancos cercanos a la iglesia de un pueblo (da igual cual, todos tienen unas iglesias magníficas) y después vamos a un bar cercano a tomar un café. En él pedimos dos cafés y nos sirven dos tazones de medio litro de café solo cada uno. Bueno, habrá que aclararse mejor con el “garçón” la próxima vez. Por el mometo toca beberse el mejunje y a rodar.

Llegamos a Mimizan, en donde teníamos previsto dormir en algún camping, pero no vemos ninguno abierto y decidimos seguir adelante y adelantar camino para mañana. Más adelante encontramos una bonita pista ciclable, de las que aquí abundan, que se interna en un robledal y la seguimos. Como se nos va haciendo tarde nos separamos en un cruce de sendas para

un lugar en donde montar la tienda de dormir. Héctor encuentra un sitio idóneo…al lado de uIMGP0081na carreterilla. Decidimos montarla ahí igualmente, aunque primero extendemos el suelo de la tienda para ver la colocación y hacemos tiempo comiendo y preparando las cosas, no vaya a ser que nos vea alguien y dé el chivatazo. Una vez anochecido montamos el resto de la tienda, cenamos por segunda vez (que siiiiiiiiiii, que luego lo quemaaaaaaamos) y a sobar la mona a las 20:00 en nuestro hotel de mil estrellas.


Irún – Benesse (67 Km)

28 octubre 2009

¡Ya estamos en Francia!

Esta mañana nos recogieron dos miembros del C.C. Irunés y nos acompañaron hasta la frontera uno y hasta Sokoa el otro. Disfrutamos de la carretera y sus paIMGP0033isajes: casas aisladas rodeadas de prados y árboles a un lado y el mar al otro. La única pega ha sido el tráfico, intenso en la totalidad de la ruta. Decían que los automovilistas franceses son (aún) más intransigentes que los españoles, pero lo cierto es que nos han respetado bastante, nos han pitado poco y sólo un par de ellos nos han increpado. Por otro lado, alguno nos ha lanzado palabras de ánimos (creemos, pues no entendemos mucho francés). Además, aquí hay más ciclistas que en España, de todas las edades, y eso siempre anima.

Dos pruebas fehacientes de que la suerte está de nuestro lado: hemos podido pegarnos un buen baño en la playa, gracias al anticiclón que portamos sobre nuestras cabezas, y además nos hemos encontrado con una compañera con la que quedamos dos días atrás a 150 kilómetros al sur, una cita a la que no pudimos presentarnos debido a que decidimos hacer dos etapas en un solo día para poder llegaIMGP0051r antes a Copenhague. Así pudimos disculparnos ante ella y explicarle la situación, que supo entender y perdonarnos con muy buen humor. ¡Un saludo para ti,  Dortoka, majísima!

Ahora nos encontramos en Benesse, en casa de Cristóbal, un lugareño amigo de nuestro Spielberg particular. Ya hemos devorado 2 pizzas y varios sandwiches, y nos acaba de sacar un trozo de paté que huele…Lo sentimos, el trabajo nos llama.


Pamplona – Irún (94 Km)

26 octubre 2009

Después de una jornada de descanso en Pamplona, recorriendo la ciudad, visitando lugares emblemáticos en días emblemáticos (Monte San Cristóbal) y trabajando con 3 ordenadores y otras tantas cámaras de vídeo y fotos durante horas y horas, toca volver a la rutina del pedaleo.  Hemos pasado un par de noches repartidos entre un albergue y la casa de Nacho, que nos acompañó en la etapa San Martín de Unx – Pamplona (nos encontramos con él en Tafalla), nos dio de comer y desayunar, nos enseñó la ciudad (y sus bares), etc, etc, etc. Nuestra más sincera gratitud y un saludo desde aquí para él.

Punto de reunión: La puerta del albergue.

Hora: 10:00 a.m.

Personas reunidas: 4 ciclistas, nuestro cámara personal y un equipo de televisión que nos graba la salida de Pamplona.

La etapa transcurre tranquila en su práctica totalidad, aunque no se nos hace monótona, ya que los paisajes son bellos a la par de cambiantes: ora estamos rodeados de verdes prados, con milanos reales sobrevolando la carretera y cornejas graznándonos desde los postes del tendido eléctrico, ora rodeados de montañas en las que pastan los caballos de la zona, bajos y fuertes.

Y escribo en su práctica totalidad porque la ruta no estuvo exenta de “aventura” (como lo denomina Héctor). En Doneztebe tomamos la vía verde que une este pueblo con Irún, queriendo huir del mundanal infierno de la carretera y sus moradores, pero el tiro nos salió por el culet…la culata. Al principio fue un lujo: se rodaba genial, teníamos la vía casi en exclusividad para nosotros, Carretera a copenhague 26-10-09 036tuvimos la suerte de ver una culebra grandota tomando el sol en mitad del camino (menos mal que todavía quedan ciclistas con ojos, porque casi la atropellamos), vimos paisajes preciosos…pero todo lo bueno se acaba. El asfalto empezó sutilmente a dar paso a la tierra húmeda y ésta al barro ligero con baches. Pero lo peor fue llegar a un túnel obstaculizado por maquinaria de obras. Los obreros nos dejaron pasar con miradas de “allá tú…”. Y entonces, ¡Zas!, 2 kilómetros andando, cargando con las bicis y reptando por el barro, en el cual nos hundíamos hasta los tobillos si te daba por parar.

Por suerte pudimos escapar del barro succionante y encontraCarretera a copenhague 26-10-09 037r un nuevo escollo: un grupo de ciclistas se iba a unir a nosotros pero, ¿cómo encontrarlos? Después de varias llamadas nos topamos con ellos gracias a sus potentes silbidos. A partir de entonces todo salió a pedir de boca; el Club Ciclista Irunés nos escoltó hasta el ayuntamiento, en donde nos hicieron una entrevista, intercambiamos unas palabras con el técnico de medio ambiente, y nos guiaron hasta el albergue que el ayuntamiento nos preparó. Allí preparamos nuestras cosas, nos duchamos y directos al C.C. Irunés a cenar por cortesía de sus miembros.


Vídeos del viaje

25 octubre 2009

Tramo de la vía verde que tomamos para llegar a Irún.

Para ver más vídeos pincha aquí.

Para ver los vídeos resumen de las etapas, pincha aquí.


Fotos del viaje

24 octubre 2009

Ya está operativa la página de albumnes de Picasa con algunas de las fotos de las etapas. Podéis verla aqui.


Necesitamos vuestro apoyo

23 octubre 2009
Ayuntamiento de Irún

Ayuntamiento de Irún

Saludos a todas las personas que nos siguen.

Empezamos nuestra etapa francesa, donde el idioma limita posibilidades de relacionarnos , a lo que se une la previsible reducción de apoyos por los ayuntamientos y el mal tiempo. 

Además los días y los kilometros se van acumulando, y se echa en falta ver las caras de las personas amigas. Por eso hemos pensado que sería muy interesante (y divertido)que nos enviarais videos con un saludo o lo que se os ocurra, así este blog sería más compartido y no recogería solo nuestras aventuras diarias.


Masa Crítica . Valencia noviembre 2009.

23 octubre 2009

He subido un video…?

23 octubre 2009

Ayyy que dificil…. me voy a lanzar, al final lo conseguiré. Si sube se lo dedico a Juan , por su momento de gloria delante de la camara. Besos.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.